Definiciones
Esta pregunta volvió a surgir hace poco en las redes sociales1Nota del editor: este texto integra dos artículos que R. Scott Clark publicó por separado en Heidelblog en octubre de 2023: «Can Dispensationalists Be Reformed? (Part 1)» y «Can Dispensationalists Be Reformed? (Part 2)». Se omitió la frase con que se cierra el primero, que anunciaba el segundo («En la parte 2 de este ensayo veremos qué dice la Escritura acerca del dispensacionalismo»), y se ajustó el comienzo del segundo, que remitía al primero («En la primera parte de este escrito…», «Hoy…»).
Nota del editor: las citas bíblicas siguen la Reina-Valera 1960.. Empecemos por definir los términos. El adjetivo dispensacionalista y el sustantivo dispensacionalismo se han vuelto algo resbaladizos en las últimas décadas. Daniel G. Hummel remonta la palabra dispensacionalismo a 1918. La acuñó Philip Mauro, un crítico del movimiento2Daniel G. Hummel, The Rise and Fall of Dispensationalism: How the Evangelical Battle over the End Times Shaped a Nation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 2023), 2.. Mauro publicó el término por primera vez en 19273Hummel, ibíd., 3.. Hay muchas variedades de dispensacionalismo: la de los fundadores del movimiento (p. ej., John Nelson Darby, 1800-1882), la de sus codificadores (p. ej., C. I. Scofield, 1843-1921), la de los modificadores (p. ej., Lewis Sperry Chafer, 1871-1952) y, por último, la de los dispensacionalistas progresivos (p. ej., Craig Blaising y Darrell Bock). La diversidad es la esencia del movimiento. En su comprensión más temprana de la historia redentora, los cristianos respondieron a los gnósticos y a los marcionitas subrayando la unidad de la historia de la salvación. La subrayaron con tanta fuerza que solían llamar ley a toda la Escritura: la ley antigua (es decir, el Antiguo Testamento) y la ley nueva (es decir, el Nuevo Testamento). Todas las formas de dispensacionalismo subrayan la diversidad de las administraciones (dispensaciones) en la historia redentora. La convicción central que las une a todas es que hay dos pueblos de Dios. Craig Blaising toca estos temas en su definición del dispensacionalismo:
El dispensacionalismo lee el Israel del Antiguo Testamento y la iglesia del Nuevo Testamento como instituciones sucesivas de la historia bíblica que revelan aspectos irreductibles de un plan divino multidimensional. Ese plan incluye bendiciones políticas y nacionales para los descendientes físicos de Israel, y también bendiciones personales y espirituales, sin distinción étnica, para todos los que están en Cristo. El dispensacionalismo es una forma de premilenarismo conocida sobre todo por su arrebatamiento pretribulacional, distinto de la segunda venida postribulacional de Cristo4Craig A. Blaising, s. v. «Dispensation, Dispensationalism», en Evangelical Dictionary of Theology, ed. Daniel J. Treier y Walter A. Elwell (Grand Rapids: Baker Academic: A Division of Baker Publishing Group, 2017), 248..
Blaising observa que al dispensacionalismo lo caracteriza un «firme rechazo de ciertas formas de supersesionismo o teología del reemplazo, es decir, el rechazo de la creencia de que la iglesia cumple y reemplaza a Israel en el plan divino»5Blaising, ibíd.. Blaising no llama a la teología reformada supersesionista ni teología del reemplazo, pero esta caricatura de la teología reformada aparece con frecuencia en la literatura dispensacionalista. Sus autores no parecen entender que la postura reformada (de hecho, la postura cristiana antigua, la medieval, la de la Reforma y la posterior a la Reforma) ha sido siempre que hay un solo pueblo de Dios. Ese pueblo de Dios se administró por medio de un pueblo terrenal y nacional (Israel) desde, más o menos, el siglo XVI a. C. (según la fecha que se dé al éxodo; algunos estudiosos lo sitúan en el siglo XIII a. C.) hasta la muerte de Cristo. Pero, a nuestro juicio, la iglesia del Nuevo Testamento no es un «reemplazo» ni una «supersesión» de Israel. La categoría misma da por supuesto lo que tiene que probar, es decir, que el centro del plan redentor y de las promesas de Dios es el Israel nacional, y no Cristo.
H. H. Rowdon6Nota del editor: aquí el original escribe «Rowden»; en la nota siguiente, «Rowdon». Se sigue la nota. añade:
El principio hermenéutico básico es la interpretación literal, que no excluye los símbolos, las figuras retóricas ni la tipología, pero sí insiste en que, de principio a fin, lo decisivo es «la realidad del sentido literal de los términos en cuestión» (Ryrie, Dispensationalism Today, p. 87). En consecuencia, las promesas de un reino terrenal hechas a Israel como nación deben cumplirse literalmente en un reino milenario futuro (por analogía con el cumplimiento literal de las promesas mesiánicas que se refieren a Jesús). Los dispensacionalistas aceptan que los judíos creyentes, como individuos, tienen su lugar en la iglesia durante la dispensación de la gracia, pero las promesas hechas a la descendencia natural de Abraham esperan su cumplimiento hasta el regreso premilenario de Cristo con su iglesia. Entonces comenzará la dispensación en la que se concederán las bendiciones materiales prometidas a Israel, y esas bendiciones serán lo característico de esa dispensación, aunque sin excluir la dimensión espiritual7H. H. Rowdon, s. v. «Dispensationalism», en Sinclair B. Ferguson y J. I. Packer, eds., New Dictionary of Theology (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2000), 201..
Con todo esto, ¿hay alguna manera razonable de hablar de «dispensacionalismo reformado»? Quizá podría hablarse de reformar el dispensacionalismo, en el sentido de reorganizarlo o cambiarlo por dentro. Pero si con «dispensacionalismo reformado» se quiere indicar una síntesis de la teología dispensacionalista con la teología reformada, eso es imposible. Es un oxímoron, una contradicción en los términos. Y esto valdría incluso para la versión más reciente del dispensacionalismo, el dispensacionalismo progresivo. Blaising describe así este movimiento:
El dispensacionalismo progresivo es una modificación más del pensamiento dispensacionalista, que empezó a aparecer a principios de la década de 1990 con Robert Saucy, Darrell Bock, Craig Blaising y otros. Los dispensacionalistas progresivos, en su comprensión del propósito divino, ponen el acento en una unidad holística multidimensional, más que en un dualismo radical. Creen que los rasgos de las distintas dispensaciones revelan distintos aspectos de una sola salvación escatológica, en la que se cumplirán promesas sociales, políticas y étnicas, junto con una participación igual de todos los redimidos en las bendiciones del Espíritu Santo. Los dispensacionalistas progresivos subrayan tanto la relación como la diferencia entre las dispensaciones, sobre todo como se ven en las estructuras pactuales y tipológicas de la Escritura. Sostienen que las enseñanzas de Jesús son pertinentes para la iglesia de hoy, insisten en una hermenéutica histórico-literaria coherente y ven en el Nuevo Testamento una escatología tanto inaugurada como futura8Blaising, ibíd..
Esta descripción está muy cifrada, pero entiendo que «unidad holística multidimensional» (frente a «dualismo radical») indica que quieren rebajar los rasgos más marcionitas de las versiones anteriores del dispensacionalismo. Y entiendo que «multidimensional» indica que siguen resistiéndose a la postura cristiana histórica sobre la unidad de la salvación, lo que la teología reformada llama la unidad del pacto de gracia.
Qué significa reformado
Desde la Segunda Guerra Mundial, se tiende a usar el adjetivo reformado de una manera más laxa y bastante distinta de la de antes. Desde el punto de vista de las iglesias reformadas, que han confesado su comprensión de la Escritura en documentos oficiales, con autoridad vinculante para sus miembros y ministros, la palabra reformado significa lo que las iglesias reformadas confiesan en el Catecismo de Heidelberg, la Confesión Belga, los Cánones de Dort y los Estándares de Westminster. A estos documentos podríamos añadir la Segunda Confesión Helvética y otros semejantes (p. ej., la Confesión Francesa).
Llama la atención lo que Blaising no dice en su descripción del dispensacionalismo. En cambio, cualquier resumen de la comprensión reformada de la historia redentora, por breve que sea, tendría que decir al menos dos cosas: 1) siempre ha habido una promesa central que une toda la historia redentora, la de que la simiente de la mujer herirá la cabeza de la serpiente (Gn 3:15); es decir, Cristo es el centro de la historia redentora; y 2) hay un solo pacto de gracia en varias administraciones. Los teólogos de Westminster (Confesión de Westminster 7.5-6) expresaron bien el consenso reformado (y cristiano antiguo) sobre la unidad del pacto de gracia y la diversidad de sus administraciones:
5. Este pacto se administró de manera distinta en el tiempo de la ley y en el tiempo del evangelio. Bajo la ley, se administró por medio de promesas, profecías, sacrificios, la circuncisión, el cordero pascual y otros tipos y ordenanzas dados al pueblo de los judíos, que todos prefiguraban al Cristo que había de venir. Para aquel tiempo, eran suficientes y eficaces, por la acción del Espíritu, para instruir y edificar a los elegidos en la fe en el Mesías prometido, por quien tenían pleno perdón de los pecados y salvación eterna. Así administrado, se llama el antiguo testamento.
6. Bajo el evangelio, cuando se manifestó Cristo, la sustancia, las ordenanzas por las que se dispensa este pacto son la predicación de la Palabra y la administración de los sacramentos del bautismo y de la Santa Cena. Aunque son menos en número y se administran con más sencillez y menos gloria exterior, en ellas el pacto se presenta con más plenitud, evidencia y eficacia espiritual a todas las naciones, tanto judíos como gentiles. Así administrado, se llama el nuevo testamento. No hay, pues, dos pactos de gracia que difieran en sustancia, sino uno y el mismo bajo diversas dispensaciones (cursivas añadidas).
El Catecismo de Heidelberg lo dice de forma aún más sencilla:
18. Pero ¿quién es ese Mediador, que en una sola persona es verdadero Dios y también verdadero hombre justo?
Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha sido dado gratuitamente para completa redención y justicia.
19. ¿De dónde sabes esto?
Del santo evangelio, que Dios mismo reveló primero en el paraíso; después lo anunció por medio de los santos patriarcas y profetas, y lo prefiguró por los sacrificios y demás ceremonias de la ley; y, por último, lo cumplió por medio de su Hijo muy amado.
La comprensión reformada de la historia de la redención tiene mucho más en común con la de la Epístola de Bernabé (c. 120 d. C.), Ireneo (c. 180 d. C.), Agustín, Lutero, Calvino y la ortodoxia reformada que con la comprensión dispensacionalista de la historia redentora. Recuerde que Heinrich Bullinger publicó el primer tratado reformado de teología del pacto, hacia 1535, para defender la unidad sustancial del pacto de gracia. En 1585, Gaspar Oleviano publicó un volumen titulado Sobre la sustancia del pacto de gracia entre Dios y los elegidos. La estructura del libro es doble: sustancia y administración. Desde la década de 1520, la teología reformada fue pactual en su núcleo. Dicho de forma anacrónica, siempre fue antidispensacionalista. Bullinger, Oleviano et al. se opusieron a los anabaptistas y enseñaron la unidad del pacto de gracia, en esencia, por las mismas razones por las que los presbiterianos del Sur advirtieron a sus fieles en 1944 contra el dispensacionalismo: destruye la unidad del pacto de gracia. Ya en la década de 1560, los reformados no solo enseñaban un pacto de gracia, sino también un pacto de naturaleza (más tarde, pacto de obras) anterior a la caída. Y poco después (ya en 1567, en sustancia) enseñaban un pacto anterior al tiempo entre el Padre y el Hijo (el pactum salutis). La teología reformada siempre ha sido irreductiblemente pactual en su lectura de la historia redentora, y esa lectura es el fundamento y la fuente de su teología sistemática y práctica.
Todo intento de sintetizar la teología reformada con el dispensacionalismo se hará a costa de la teología reformada. Ese intento parte de una descripción truncada de la teología reformada, como si lo único que nos importara fuera la doctrina de la predestinación. Toda descripción minimalista de ese tipo es contraria a la confesión de las iglesias y a la historia de la tradición.
Hemos definido los términos dispensacionalismo y reformado. Veamos ahora qué dice la Escritura sobre el dispensacionalismo y respondamos a la pregunta: «¿Pueden los dispensacionalistas ser reformados?».
¿Qué dice la Escritura?
La fuerza persuasiva del dispensacionalismo siempre ha estado en su apelación a la Escritura. Algunos de los predicadores dispensacionalistas de más edad que conocí se parecían más a conferenciantes de cursillo que a predicadores. Recuerdo que me hablaron de uno en Kansas City que ni siquiera celebraba lo que la mayoría consideraría cultos. Eran cursillos, con retroproyector y todo. Su gancho, por así decirlo, era que iba a explicar la Biblia.
Pues bien, los reformados también se han esforzado mucho por explicar la Biblia. Y, por decirlo de forma bastante tajante, el contraste entre el dispensacionalismo y la teología reformada es este: en todas las formas de dispensacionalismo, Jesús trabaja para Moisés. Según el autor de Hebreos, en cambio, Moisés trabaja para Jesús:
Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno este, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza. (Heb 3:1-6)
Según el apóstol Pablo, la administración mosaica del pacto de gracia fue siempre intencionalmente temporal. Eso es central en su argumento contra los judaizantes:
Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa. Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno. ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa. (Gá 3:15-29)
En comparación con Moisés, el pacto o la promesa más fundamental era el abrahámico. Para Pablo, el pacto abrahámico es aquí el modelo para entender la historia redentora, como lo es en Romanos 4. Trata a Abraham como el primer cristiano, justificado y salvado como gentil por la sola gracia, mediante la sola fe. Incluso después de la circuncisión, cuando se convirtió en el primer judío, siguió siendo justificado y salvado solo y siempre por la sola gracia, mediante la sola fe. Para Pablo, Moisés fue un añadido temporal, un codicilo, que caducó con la muerte de Cristo. Por eso lo llama el «antiguo pacto» (2 Co 3:14), el «ministerio de muerte». Para Pablo era impensable que «la letra» (2 Co 3:6) y «el ministerio de condenación» (2 Co 3:9) volvieran a escena en un milenio futuro, como en un bis.
Menos posible aún es pensar que, para el predicador que se dirigía a los hebreos, lo que de verdad ocurre en la historia redentora no gira en torno a Cristo, sino a Moisés, y que el sistema de culto mosaico se va a restablecer durante un milenio literal y terrenal. Al fin y al cabo, Hebreos se escribió para disuadir a los judíos cristianos de volver a Moisés. Pero los dispensacionalistas querrían hacernos pensar que Hebreos debería haber escrito: «Esperen, hermanos. No necesitan volver a Moisés, porque él vendrá a ustedes en el milenio venidero». ¿Qué escribió Hebreos? En Hebreos 7:11-14, el autor explicó que la ley descansaba en el sacerdocio y que, como el sacerdocio ha cambiado, la ley ha cambiado. Las leyes ceremoniales y judiciales (las de la época mosaica) han terminado porque el sacerdocio ha terminado. Lo ha reemplazado el sacerdocio de Jesús según el orden de Melquisedec.
En los versículos 17-18, Hebreos habla de la «debilidad e ineficacia» que ahora tiene el «mandamiento anterior» (Moisés). Jesús es el fiador de un pacto mejor que el antiguo (Heb 8:6), el pacto mosaico (Heb 7:22)9Nota del editor: donde aquí dice «Heb 7:22», el original dice «v. 22».. Así interpreta Hebreos Jeremías 31:31-34. El contraste es entre el nuevo pacto y el antiguo, el pacto mosaico, que «se da por viejo» (Heb 8:13) y «está próximo a desaparecer».
Nada de este lenguaje hace pensar que Hebreos se daría por satisfecho con alguna forma de dispensacionalismo. Su hermenéutica nunca podría cuadrar con ninguna versión de la regla dispensacionalista «literal siempre que sea posible». Desde una perspectiva reformada, es casi como si Hebreos se hubiera escrito para refutar el dispensacionalismo.
Conclusiones
He dado una breve descripción de lo que es el dispensacionalismo en su núcleo, en todas sus formas. He trazado un breve esbozo de lo que es la teología reformada frente al dispensacionalismo. He señalado los rasgos irreconciliables de los dos enfoques de la Escritura y de la teología. Es obvio que podría escribirse mucho más, y que se ha escrito mucho más, pero esto debe bastar por ahora. Sencillamente, no tiene sentido hablar de dispensacionalismo reformado como si fuera posible una síntesis de cualquier tipo entre la teología reformada y la dispensacionalista.
Si la teología reformada del pacto es nueva para usted, le invito a consultar los recursos que se indican en la nota10Nota del editor: el original remite a la lista de recursos (en inglés) que Heidelblog pone al final de sus entradas. Las más cercanas a este tema son «Resources On Dispensationalism» (https://heidelblog.net/dispensationalism/) y «Resources For Those Beginning To Study Covenant Theology» (https://heidelblog.net/2013/06/for-those-beginning-to-study-covenant-theology/)..
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Este artículo (parte 1 y parte 2) ha sido traducido con permiso y fue publicado originalmente por el Dr. Scott Clark en el sitio web: Heidelblog.net. Le invitamos a conocer los libros que ha escrito el Dr. Clark aquí. 11La imagen usada en el artículo es un detalle de «A Chart on the Course of Time from Eternity to Eternity» (c. 1930), carta dispensacionalista de A. E. Booth publicada por Loizeaux Brothers (Nueva York), de dominio público, vía Wikimedia Commons.
- 1Nota del editor: este texto integra dos artículos que R. Scott Clark publicó por separado en Heidelblog en octubre de 2023: «Can Dispensationalists Be Reformed? (Part 1)» y «Can Dispensationalists Be Reformed? (Part 2)». Se omitió la frase con que se cierra el primero, que anunciaba el segundo («En la parte 2 de este ensayo veremos qué dice la Escritura acerca del dispensacionalismo»), y se ajustó el comienzo del segundo, que remitía al primero («En la primera parte de este escrito…», «Hoy…»).
Nota del editor: las citas bíblicas siguen la Reina-Valera 1960. - 2Daniel G. Hummel, The Rise and Fall of Dispensationalism: How the Evangelical Battle over the End Times Shaped a Nation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 2023), 2.
- 3Hummel, ibíd., 3.
- 4Craig A. Blaising, s. v. «Dispensation, Dispensationalism», en Evangelical Dictionary of Theology, ed. Daniel J. Treier y Walter A. Elwell (Grand Rapids: Baker Academic: A Division of Baker Publishing Group, 2017), 248.
- 5Blaising, ibíd.
- 6Nota del editor: aquí el original escribe «Rowden»; en la nota siguiente, «Rowdon». Se sigue la nota.
- 7H. H. Rowdon, s. v. «Dispensationalism», en Sinclair B. Ferguson y J. I. Packer, eds., New Dictionary of Theology (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2000), 201.
- 8Blaising, ibíd.
- 9Nota del editor: donde aquí dice «Heb 7:22», el original dice «v. 22».
- 10Nota del editor: el original remite a la lista de recursos (en inglés) que Heidelblog pone al final de sus entradas. Las más cercanas a este tema son «Resources On Dispensationalism» (https://heidelblog.net/dispensationalism/) y «Resources For Those Beginning To Study Covenant Theology» (https://heidelblog.net/2013/06/for-those-beginning-to-study-covenant-theology/).
- 11La imagen usada en el artículo es un detalle de «A Chart on the Course of Time from Eternity to Eternity» (c. 1930), carta dispensacionalista de A. E. Booth publicada por Loizeaux Brothers (Nueva York), de dominio público, vía Wikimedia Commons.


