Matt Tuininga, amigo y antiguo alumno, escribió una interesante entrada en Christian in America en la que relata el conflicto entre el consistorio y algunos habitantes de Ginebra sobre cómo los padres debían nombrar a sus hijos. 1Matthew J. Tuininga, «What’s in a name? How the consistory (or session) can alienate a church», Christian in America, 3 de octubre de 2012.Escribe:
Durante la época de Calvino en Ginebra, probablemente el mayor motivo de controversia entre el consistorio y el pueblo de Ginebra giraba en torno a un asunto aparentemente muy trivial: los nombres. Para resumir una prolongada controversia ginebrina, Calvino y los demás pastores (todos ellos franceses; ninguno era ginebrino de nacimiento) emprendieron una campaña para prohibir que los habitantes de la ciudad pusieran a sus hijos nombres tradicionales o familiares asociados con santos católicos o figuras paganas, exigiendo en cambio que todos los niños fueran bautizados con un nombre cristiano (bíblico).
Señala brevemente por qué los pastores de Ginebra insistían en nombres bíblicos para los niños cristianos, pero no se detiene en ello. Se centra en el resentimiento que esto generó:
Por supuesto, muchos habitantes, incluidos algunos miembros de la élite gobernante, se negaron a obedecer. Así que, cuando llevaban a sus hijos al bautismo, los presentaban con nombres prohibidos por el gobierno de la ciudad. La respuesta de los pastores era, en medio de la ceremonia bautismal y ante toda la congregación, elegir ellos mismos un nombre. Recordemos que en aquella época la ceremonia bautismal y el bautizo eran legalmente vinculantes. A menudo, este tipo de autoritarismo clerical desembocaba en confrontaciones públicas y en repetidas ocasiones provocó disturbios.
Continúa señalando la inconsistencia entre los principios de gobierno eclesiástico de Calvino, las exigencias del consistorio y la evidencia del Nuevo Testamento. No hay evidencia de que quienes tenían nombres paganos fueran renombrados en el bautismo, aunque eso podría haber sido útil en aquel contexto. También extrae lecciones sobre el peligro de la mano dura, respecto al cual las iglesias deberían ser cuidadosas.
Mi postura
No estoy en desacuerdo con su aplicación ni con su lección. Los consistorios (autoridades eclesiásticas) necesitan restringir sus cánones (normas) a lo que la Palabra de Dios enseña explícita o implícitamente; es decir, deben respetar la libertad cristiana. Esta preocupación está ciertamente muy arraigada en la Reforma. Una de las primeras y grandes obras de Lutero fue La libertad del cristiano, sobre la autoridad única y definitiva de la Palabra de Dios (sola Scriptura).
Sin embargo, el historiador que hay en mí (más que el reformado) desea añadir algo de contexto. Creo que Matt no ha sido tan comprensivo con el consistorio como debería. Un historiador, con todo, querría decir: «Un momento». Consideremos más plenamente por qué el consistorio ginebrino habría sido tan obstinado. ¿Se trataba, como Matt insinúa, de poder y control? En nuestro período tardomoderno somos bastante suspicaces ante el ejercicio de la autoridad y estamos predispuestos a sospechar que el uso del poder es arbitrario y probablemente injusto.
Ahora bien, como alguien que ha participado en reuniones de consistorio (ancianos y ministros) durante mucho tiempo, no he visto a menudo que los consistorios busquen pelea. Claro, ocurre, pero la mayoría de las veces los consistorios tienden más a rehuir el conflicto (a veces necesario) que a entrar en él. Así que debemos preguntarnos: ¿por qué los ministros y ancianos insistían tanto en esto?
La práctica histórica de la Iglesia, incluidos los protestantes, era dar un nombre cristiano al niño en el bautismo. En algunos lugares, el nombre de pila todavía se llama «nombre cristiano». El apellido, el nombre de familia, es el «apellido» propiamente dicho. Las Ordenanzas Eclesiásticas (Orden Eclesiástico) de 1541, tras el regreso de Calvino del exilio (1538-1541), no estipulaban nada respecto a los nombres bautismales.2Philip Edgcumbe Hughes, The Register of the Company of Pastors of Geneva in the Time of Calvin (Eerdmans, 1966). Contenían instrucciones sobre el registro de los nombres de los niños y los padres, y sobre la denuncia de hijos ilegítimos ante las autoridades civiles (las relaciones sexuales fuera del matrimonio eran un delito civil en la mayoría de los lugares hasta hace muy poco). Los padrinos debían ser miembros de la iglesia, de modo que se pudiera esperar que instruyeran al niño en la fe en caso de la (muy posible) muerte de los padres.
En las Ordenanzas Eclesiásticas de 1546 para las congregaciones rurales, sin embargo, había una norma en la sección sobre la administración del bautismo que decía:
En cuanto a los nombres que se pongan, se observarán las ordenanzas de los Señores, tanto para evitar la superstición y la idolatría como para apartar de la Iglesia todo lo que sea necio e indecoroso.
A continuación venían regulaciones contra el bautismo administrado por parteras. Aquí empezamos a obtener una imagen más completa. Para Calvino y los demás pastores, la superstición —reflejada en el recurso a las parteras o en la elección de nombres bautismales inapropiados— era un asunto religioso. La superstición era una forma de paganismo. La razón por la que las parteras administraban el bautismo (que las ordenanzas dicen que «se tendrá por nulo y sin efecto») es que lo consideraban una especie de talismán mágico. En otras palabras, los pastores se oponían a la reintroducción del paganismo en la iglesia, reformada hacía muy poco, a través de prácticas populares. Recordemos que Ginebra llevaba poco tiempo siendo reformada. Estaban rodeados de un romanismo agresivo y hostil en Francia (en el mapa, Ginebra es como un pulgar que se clava en Francia).
El conflicto en contexto
El conflicto al que Matt se refiere comenzó en 1546 cuando, tras tres meses de debate, el Consejo de Ginebra emitió la ordenanza sobre nombres bautismales:
En primer lugar, queda prohibido poner nombres de ídolos que en otro tiempo prevalecieron en la tierra, porque podrían reavivar supersticiones y también porque serían un memorial de la idolatría de la que plugo a Dios librar a la tierra —nombres como Suaire (Sudario), Claude, Mama y otros—, así como nombres con los que se llama a los reyes, tanto porque es un abuso como porque se ha depositado en ellos una falsa confianza.3Claude era una referencia a san Claudio, abad y obispo de Besanzón, patrón de la antigua abadía de Saint-Claude en el Jura, lugar de atracción para los romanistas que hacían peregrinaciones. Tales peregrinaciones estaban asociadas con intentos de ganar santidad y mérito ante el Señor. «Mama» era una referencia a la Santísima Virgen, objeto de oración y piedad romanistas.
Asimismo, los nombres de oficios, porque pertenecen solo a aquellos a quienes se confió el cargo y que fueron llamados por Dios, tales como Baptiste, Ange (Ángel), Évangéliste (Evangelista) y otros semejantes.
Asimismo, nombres que pertenecen solo a Dios o a nuestro Señor Jesucristo, tales como Dieu le Fils (Hijo de Dios), Esprit (Espíritu), Emmanuel, Sauveur (Salvador), Jésus.
Asimismo, nombres ineptos a los que se asocia alguna absurdidad y que podrían provocar burla, tales como Toussaint (Todos los Santos), Croix (la Cruz), Dimanche (Domingo), Typhaine (Epifanía), Sépulcre (Sepulcro), Pâques (Pascua), Pentecôte (Pentecostés), así como Chrétien (Cristiano), porque es común a todos.
Asimismo, nombres dobles y otros que suenan mal, como Gonin, Mermet, Sermet, Allemand.
Asimismo, nombres corrompidos, como Tyvan y Tyvette en lugar de Étienne (Esteban), y Monet en lugar de Simon.4Hughes, Register, 71-72.
Aunque algunas de estas restricciones puedan parecernos arbitrarias a los tardomodernos, consideremos que muchas jurisdicciones civiles todavía tienen leyes vigentes que regulan la elección de nombres.5Véase Carlton F. W. Larson, «Naming Baby: The Constitutional Dimensions of Parental Naming Rights», George Washington Law Review 80 (2011). Aunque podríamos suponer que los estadounidenses tardomodernos tenemos completa autonomía sobre cómo nombrar a nuestros hijos, no es así. En muchos lugares está prohibido usar signos de puntuación como nombre, así como ideogramas y palabras soeces, entre otras cosas.6Bruce Carton, «Baby Name Law: Can You Name Your Child ‘Toilet Queen’?», Law.com, 28 de enero de 2011.
Podríamos sorprendernos al conocer tales restricciones porque tendemos a suponer que no hay conexión entre un nombre y la persona nombrada (nominalismo). No tenemos asociaciones con Betty o Verónica 7Nota del traductor: En el original inglés, el autor emplea los nombres Betty, Veronica y Arthur, que tienen una marcación de género inequívoca en esa lengua. El argumento es que, aunque los hablantes modernos no asociamos los nombres con cualidades específicas de la persona nombrada (nominalismo), sí preservamos ciertas asociaciones de género. Se han adaptado a su forma española cuando existe (Verónica, Arturo) y se ha mantenido Betty por ser reconocible como nombre femenino. tales que solo ciertas niñas puedan llevar esos nombres (aunque incluso hoy sería inusual que un niño se llamara Betty o Verónica, o que una niña se llamara Arturo). En la Ginebra del siglo XVI, sin embargo, existía cierto compromiso con la noción de que hay una conexión entre un nombre y la persona nombrada.
Los tipos de nombres que estaban prohibidos eran nombres cargados de significado. Incluso ahora, uno sospecha que los tardomodernos nominalistas nos incomodaríamos un poco si alguien llamara a su hijo «Dios Todopoderoso». Nuestra primera reacción sería: «¿En serio? ¿Te parece apropiado?».
Pues bien, en la Ginebra del siglo XVI, los nombres de santos y del Salvador, o los objetos asociados con la devoción religiosa, sí tenían fuertes connotaciones. Eran declaraciones religiosas y políticas. No eran meras elecciones ociosas. Por tanto, estas restricciones formaban parte del programa más amplio de imponer desde arriba (por el magistrado y la Iglesia) la teología y la piedad reformadas.
Incluso hoy, aun sin el poder del magistrado detrás, puedo imaginar fácilmente a un consistorio objetando si unos padres quisieran poner a su hijo un nombre escandaloso. Puedo imaginar fácilmente que ese consistorio se negara a bautizar al niño si los padres fueran contumaces. La negativa a escuchar consejo puede indicar otros problemas profundos.
Diferencias de contexto
Entonces, ¿cuál es la verdadera diferencia entre nosotros y la Ginebra del siglo XVI? En primer lugar, hay una diferencia de grado (tanto Ginebra como nosotros tenemos restricciones civiles sobre los nombres). Nosotros estaríamos dispuestos a conceder más libertad a los padres en la elección de nombres. En segundo lugar, hoy el consistorio no tiene la autoridad del magistrado respaldándolo. Con todo, las diferencias no son tan enormes como podrían haber parecido a primera vista.
Nosotros, sin embargo, no nos encontramos en la misma situación geopolítica que afrontaba el consistorio ginebrino. No enfrentamos una presión enorme de familias poderosas, influyentes y de viejo abolengo que resistían no solo a los pastores, sino a la idea misma de la Reforma. Algunos eran romanistas de corazón y otros eran simplemente libertinos. Resistían los límites en sí mismos. Utilizaban el sacramento del bautismo para marcar posición, para debilitar la autoridad e influencia de los pastores reformados y, en la mente de los pastores, de Cristo y su Palabra. Para nosotros, la Reforma tiene quinientos años. En Ginebra tenía solo unas pocas décadas y la práctica todavía se estaba desarrollando. La situación era aún fluida. Al final de su vida, Calvino pensó que toda la Reforma europea podría fracasar. Desde esa perspectiva, podríamos preguntarnos por qué el consistorio no aprobó legislación aún más restrictiva.
Finalmente, si leemos con atención (y quizá un poco entre líneas) podemos ver un genuino cuidado pastoral por quienes habían llegado recientemente a la fe protestante pero se sentían tentados a volver a la religión popular familiar y reconfortante (que era lo que gran parte del romanismo representaba: la formalización de prácticas religiosas populares) e incluso al paganismo. Las convulsiones del siglo XVI trajeron cosas buenas, pero también dejaron incertidumbre y duda a su paso. Los pastores ginebrinos pudieron haber sido excesivamente estrictos, pero si comprendemos sus circunstancias, desafíos y preocupaciones, quizá seamos un poco más lentos en juzgarlos anacrónicamente según nuestros estándares tardomodernos.
________________________________
Este artículo ha sido traducido con permiso y fue publicado originalmente por el Dr. Scott Clark en el sitio web: Heidelblog.net. Le invitamos a conocer los libros que ha escrito el Dr. Clark aquí. 8Los subtítulos no hacen parte del artículo original, se publica así para hacer la lectura más fácil.
- 1Matthew J. Tuininga, «What’s in a name? How the consistory (or session) can alienate a church», Christian in America, 3 de octubre de 2012.
- 2Philip Edgcumbe Hughes, The Register of the Company of Pastors of Geneva in the Time of Calvin (Eerdmans, 1966).
- 3Claude era una referencia a san Claudio, abad y obispo de Besanzón, patrón de la antigua abadía de Saint-Claude en el Jura, lugar de atracción para los romanistas que hacían peregrinaciones. Tales peregrinaciones estaban asociadas con intentos de ganar santidad y mérito ante el Señor. «Mama» era una referencia a la Santísima Virgen, objeto de oración y piedad romanistas.
- 4Hughes, Register, 71-72.
- 5Véase Carlton F. W. Larson, «Naming Baby: The Constitutional Dimensions of Parental Naming Rights», George Washington Law Review 80 (2011).
- 6Bruce Carton, «Baby Name Law: Can You Name Your Child ‘Toilet Queen’?», Law.com, 28 de enero de 2011.
- 7Nota del traductor: En el original inglés, el autor emplea los nombres Betty, Veronica y Arthur, que tienen una marcación de género inequívoca en esa lengua. El argumento es que, aunque los hablantes modernos no asociamos los nombres con cualidades específicas de la persona nombrada (nominalismo), sí preservamos ciertas asociaciones de género. Se han adaptado a su forma española cuando existe (Verónica, Arturo) y se ha mantenido Betty por ser reconocible como nombre femenino.
- 8Los subtítulos no hacen parte del artículo original, se publica así para hacer la lectura más fácil.


