Catolicismo Reformado

El Miércoles de Ceniza se acerca, y la mayoría de quienes dirigen servicios en este día también practican la imposición ritual de cenizas como parte de la liturgia. Esta costumbre es casi (aunque no del todo) universal entre los anglicanos, está muy extendida entre los luteranos y se ha vuelto cada vez más común entre presbiterianos y otros cuerpos evangélicos. Debido a este consenso relativamente rápido, es fácil suponer que el rito y el día son inseparables. Damos por sentado que observar el Miércoles de Ceniza es, sencillamente, imponer cenizas sobre la congregación. También es fácil suponer que esta ha sido siempre la práctica anglicana.

Pero la historia real cuenta otra cosa. Para gran sorpresa de muchos, el uso protestante de cenizas en los servicios del Miércoles de Ceniza es un fenómeno moderno. Los reformadores suprimieron el uso de cenizas en la liturgia, y estas no volverían a convertirse en un elemento habitual de las liturgias protestantes hasta finales del siglo XX.

El objetivo de este ensayo es exponer el registro histórico del Miércoles de Ceniza entre los anglicanos, tanto en Inglaterra como en Norteamérica. No pretende emitir un juicio sobre la permisibilidad o la prudencia de usar cenizas hoy en día. En cambio, la necesidad mayor es simplemente recuperar la historia real de la Iglesia, una historia que se ha oscurecido dramáticamente en un período de tiempo relativamente breve. Conocer lo que efectivamente ocurrió nos ayudará a comprender mejor qué es realmente la «tradición anglicana». Quizá también nos ayude a entender cómo y por qué formuló sus juicios y reformas.

La historia temprana de las cenizas

El uso de cenizas era sin duda conocido en las demostraciones comunitarias de humillación en el mundo antiguo. Lo vemos, por ejemplo, en el propio Antiguo Testamento, donde las personas se sientan sobre ceniza o se cubren con ella como símbolo de duelo y arrepentimiento (Est. 4:1, 3; Job 2:8, 42:6; Dn. 9:3; Jon. 3:6). Heredado sin duda, al menos temáticamente, de la práctica judía observada en el Antiguo Testamento, el uso ceremonial de cenizas en la Iglesia cristiana no surge hasta mucho más tarde. Contamos con evidencia temprana y fragmentaria del uso de cenizas en ritos penitenciales, así como de diversas clases de consagraciones con ceniza, pero su uso más normativo y uniforme al comienzo de la Cuaresma no puede documentarse sino hasta después del año 1050 d. C. Aunque esto debió de tener un desarrollo gradual previo, el fenómeno se circunscribe, con todo, a las iglesias occidentales. Los servicios del «Miércoles de Ceniza», tal como los conocemos, no se practicaban habitualmente en Oriente. El papa Urbano II los estandarizó en 1091.

La Reforma protestante

Este uso de cenizas continuaría en Occidente durante cuatrocientos años más, hasta la Reforma protestante. Sin embargo, dentro de la primera década de esa ruptura, tanto las iglesias reformadas como las luteranas comenzaron a descartar las cenizas. Bruce Gordon señala que Zuinglio eliminó los ornamentos cuaresmales habituales y los ritos accesorios en 1524.1Bruce Gordon, Zwingli (New Haven: Yale University Press, 2022), 107–108. Lutero, por su parte, en su Misa alemana y orden del servicio divino de 1526, explica que aunque los ayunos y fiestas de «la Cuaresma, el Domingo de Ramos y la Semana Santa serán conservados», «esto, sin embargo, no incluye el velo cuaresmal, el lanzamiento de palmas, el velado de imágenes ni nada más que haya de tales bufonadas».2Martín Lutero, Luther’s works [Obras de Lutero], vol. 53: Liturgy and Hymns [Liturgia e himnos], ed. J. J. Pelikan, H. C. Oswald y H. T. Lehmann (Fortress Press), 90. Las cenizas no se mencionan explícitamente aquí, pero habrían estado históricamente ligadas a las palmas. Lutero las considera una frivolidad innecesaria.

En Inglaterra, la Reforma se desarrollaría un poco más lentamente. En 1542, el teólogo prorreformista Thomas Becon aún respaldaba la imposición de cenizas en el servicio del Miércoles de Ceniza. Sin embargo, cinco años después, Thomas Cranmer ordenó que la práctica cesara.3Thomas Cranmer, «Carta 281, a Bonner», en Miscellaneous Writings and Letters of Thomas Cranmer [Escritos y cartas misceláneos de Thomas Cranmer] (Londres: Parker Society, 1846), 417. Esta fecha es importante porque la primera edición del Libro de Oración Común (Book of Common Prayer) aún no se había publicado. De hecho, la imposición de cenizas no se incluye en ningún Libro de Oración Común hasta el estadounidense de 1979. En su lugar, el Libro de Oración Común contenía el Servicio de Conminación (Commination Service), explicado con más detalle aquí.

La tradición anglicana

Debido a sus cambios y reformas de amplio alcance, el Libro de Oración Común de Cranmer fue recibido con feroz resistencia en algunas partes de Inglaterra, lo que dio lugar a una avalancha de obras apologéticas que defendían estos cambios. En un sermón de 1548, Hugh Latimer denunció el uso litúrgico de cenizas, junto con otros supuestos abusos romanos. Latimer creía que estas ceremonias estaban demasiado vinculadas a malentendidos mortales sobre la suficiencia del propio sacrificio de Cristo. Dice: «de estas cosas, cada una ha arrebatado alguna parte de la santificación de Cristo; cada una ha robado alguna parte de la pasión y la cruz de Cristo, y se ha mezclado con la muerte de Cristo, y se ha hecho propiciatoria y satisfactoria, y para quitar el pecado».4Hugh Latimer, «Sermón del reverendo padre maestro Hugh Latimer, predicado en los cobertizos de la iglesia de San Pablo en Londres, el decimoctavo día de enero, año 1548». Cranmer dice prácticamente lo mismo en su «Respuesta a los 15 Artículos de los Hombres de Devonshire» de 1549. Ve el uso de cenizas, junto con otras añadiduras, como una ordenanza humana ilegítima:

El agua del bautismo, y el pan santo y el vino de la santa comunión, ninguna otra persona los ordenó sino Cristo mismo. Lo otro —lo que se llama pan bendito, agua bendita, cenizas benditas, palmas benditas, y todas las demás ceremonias semejantes— lo ordenaron los obispos de Roma, adversarios de Cristo, y por ello llamados con razón anticristo. Y Cristo ordenó su pan, y su vino, y su agua, para nuestro gran consuelo, para instruirnos y enseñarnos qué cosas tenemos únicamente por medio de él. Pero el anticristo, por su parte, ha establecido sus supersticiones bajo el nombre de santidad, sin otro propósito; sino que, así como el diablo busca todos los medios para apartarnos de Cristo, así también el anticristo promueve sus santas supersticiones con el fin de que lo tomemos a él en lugar de Cristo, y creamos que tenemos por medio de él las cosas que tenemos únicamente por Cristo; es decir, alimento espiritual, remisión de nuestros pecados y salvación.5Thomas Cranmer, «Respuesta a los 15 Artículos de los Hombres de Devonshire», en Miscellaneous Writings and Letters of Thomas Cranmer [Escritos y cartas misceláneos de Thomas Cranmer] (Londres: Parker Society, 1846), 176.

Tras el intervalo romano-católico bajo María, el Asentamiento Isabelino (Elizabethan Settlement) devolvió en gran medida a la Iglesia inglesa a su condición bajo Eduardo VI. Hubo ciertas discontinuidades, por supuesto, pero las cenizas no fueron una de ellas. Predicando ante el rey Jacobo en el Miércoles de Ceniza de 1619, Lancelot Andrewes dice que «solía haber una ceremonia de dar cenizas este día», pero que ya «se ha ido». Aunque cabría decir que Andrewes rememora con nostalgia, él no argumenta que la ceremonia de las cenizas deba reintroducirse, sino que se recupere su «sustancia», con lo cual quiere decir la verdadera conversión. En vísperas de la Guerra Civil, en 1642, el ministro conformista John Grant aún puede ridiculizar el uso de cenizas como «un simulacro de ayuno revestido de papismo juncoso o desfiguración farisaica».6John Grant, Gods deliverance of man by prayer and mans thankefulnesse to God in prayses [La liberación divina del hombre por la oración y la gratitud del hombre a Dios en alabanzas], Early English Books Online, consultado el 20 de febrero de 2023. [N. del T.: La frase original «bulrushed Popishness» alude a Isaías 58:5, donde se habla de inclinar la cabeza como un junco en un ayuno falso]. Después de la Restauración, el respetado comentarista del Libro de Oración Común, Thomas Comber, también las condena. Al explicar el prefacio del Servicio de Conminación, Comber contrasta la ceremonia medieval con aquella disciplina de la Iglesia antigua que el Libro de Oración Común encomienda:

Confieso que en épocas posteriores, durante la corrupción de la Iglesia romana, esta piadosa disciplina degeneró en una confesión formal y consuetudinaria en el Miércoles de Ceniza, usada por todas las personas; a la cual, cuando la sustancia del verdadero arrepentimiento hubo desaparecido, al final añadieron la ceremonia vacía de rociar cenizas sobre las cabezas de todos los presentes, fuesen penitentes o no, lo cual nuestra Iglesia dejó enteramente de lado como una mera sombra, y lamenta que la larga continuación de la mala administración romana entre nosotros en esta nación…7Thomas Comber, «The Occasional Offices, 1679» [Los oficios ocasionales, 1679], reimpreso en A Companion to the Temple [Un manual del Templo], vol. 4 (Oxford: Oxford University Press, 1841), 504.

Al adentrarnos en el largo siglo XVIII, los escritores anglicanos describen el uso de cenizas en el servicio del Miércoles de Ceniza como un artefacto de la historia ya desaparecido. La obra de Robert Nelson, sumamente popular, A Companion for the Feasts and Fasts of the Church of England (Un manual para las fiestas y ayunos de la Iglesia de Inglaterra), fue publicada originalmente en 1704. Permanecería en publicación durante más de un siglo. En ella, Nelson discute el Miércoles de Ceniza y el Servicio de Conminación, creando incluso una especie de catecismo para enseñar sobre el día. Menciona que la imposición de cenizas era una costumbre antigua y ya no formaba parte de la liturgia anglicana. Luego pregunta: «¿Estamos obligados a usar los mismos testimonios de nuestro dolor interior tal como se expresaban en los tiempos antiguos?». Su respuesta es: «Creo que no». Dice que deberíamos, en cambio, usar «otros signos apropiados según la costumbre de los dolientes en nuestros días». Sugiere: «absteniéndonos de nuestras comidas habituales, absteniéndonos de todo tipo de placer, descuidando el adorno de nuestros cuerpos, retirándonos de la compañía, dejando de lado los negocios y lamentando nuestra pérdida».8Robert Nelson, A Companion for the Feasts and Fasts of the Church of England [Un manual para las fiestas y ayunos de la Iglesia de Inglaterra], ed. Rivington, Nunn, Clarke, etc. (1826), 360. Después de estas cosas, añade luego un examen exhaustivo de nuestros corazones y verdadero arrepentimiento.

La ausencia de las cenizas sigue señalándose en la ampliación de 1777 que John Brand hizo de la obra de Henry Bourne, titulada Observations on Popular Antiquities (Observaciones sobre antigüedades populares).9John Brand, Observations on Popular Antiquities [Observaciones sobre antigüedades populares] (Londres: J. Johnson, 1777), 235. Esta se reimprimió también muchas veces, y para 1841 había ganado otro autor, Henry Ellis. Aun así, las cenizas no habían reaparecido en la liturgia de la Iglesia de Inglaterra.10John Brand y Henry Ellis, Observations on Popular Antiquities [Observaciones sobre antigüedades populares], vol. 1 (Londres: Charles Knight & Co., 1841), 53. Lo mismo ocurre en los Estados Unidos. En 1859, un crítico protestante del Libro de Oración Común, que escribía bajo el seudónimo de Augustine Bede, pregunta: «Pero ya que habéis descartado esta ceremonia expresiva y conmovedora, ¿por qué conserváis todavía el nombre al que ella dio origen?».11Letters to an Episcopalian on the Origin, History, and Doctrine of the Book of Common-Prayer [Cartas a un episcopaliano sobre el origen, historia y doctrina del Libro de Oración Común] (Londres: Kelly, Hedian & Piet, 1859), 225. También vale la pena señalar que el primer Libro de Oración estadounidense de 1789 eliminó por completo el Servicio de Conminación especial para el Miércoles de Ceniza. Solo reapareció en una versión abreviada en 1892. Los estadounidenses no tenían más ceremonial en comparación con el antiguo Libro de Oración Común inglés, sino menos.

Los comentarios al Libro de Oración Común de principios del siglo XX aún pueden discutir el Miércoles de Ceniza sin mención alguna de que las cenizas se usen en la liturgia anglicana. The Tutorial Prayer Book (Tutorial del Libro de Oración) de Neil y Willoughby, de 1913, señala que las cenizas fueron abolidas en 1548 y no hace ningún comentario sobre su uso en el presente.12The Tutorial Prayer Book: For the Teacher, the Student, and the General Reader [El libro de oración tutorial: para el maestro, el estudiante y el lector general], ed. Charles Neil y J. M. Willoughby (Londres: The Harrison Trust, 1913), 164. En 1950, Massey Shepherd publicó el Oxford American Prayer Book Commentary (Comentario de Oxford al Libro de Oración). Todo lo que tiene que decir sobre el uso de cenizas es que los reformadores las suprimieron.13Massey Shepherd, The Oxford American Prayer Book Commentary [Comentario de Oxford al Libro de Oración americano] (Oxford: Oxford University Press, 1950), 124. Seguramente debía de haber parroquias episcopales que usaban cenizas en su Miércoles de Ceniza para 1950, pero Shepherd no lo menciona porque el Libro de Oración Común de 1928 no lo habría permitido. En Inglaterra, incluso tan tarde como 1961, H. W. Dobson puede decir: «Aunque las cenizas se han ido, el arrepentimiento y el perdón permanecen».14H. W. Dobson, The Christian Year [El año cristiano] (Londres: Macmillan Co., 1961), 82.

El regreso de las cenizas

Entonces, si la imposición de cenizas todavía era poco común y no oficial en las décadas de 1950 y 1960, ¿cómo llegó a incluirse en el Libro de Oración Común estadounidense de 1979, y luego en el Alternative Service Book (Libro de Servicios Alternativos) inglés de 1986? La respuesta parece ser, en un primer momento, una larga marcha de inconformismo por parte de ministros y parroquias anglo-católicos y ritualistas. Nigel Yates señala el caso de John Purchas, ministro en St. James, Brighton, en 1868. Purchas introdujo un gran número de nuevos rituales, incluyendo «cirios bendecidos en la Candelaria e imposición de cenizas el Miércoles de Ceniza».15Nigel Yates, Anglican Ritualism in Victorian Britain: 1830–1910 [Ritualismo anglicano en la Gran Bretaña victoriana: 1830–1910] (Oxford: Oxford University Press, 1999), 218. Esto causó una gran controversia y se presentaron cargos eclesiásticos. Tras algunas rondas de juicios parciales y desafiantes negativas a comparecer por parte de Purchas, el Comité Judicial del Consejo Privado dictaminó que todas las innovaciones eran ilegales. Purchas fue finalmente depuesto. La opinión clerical sobre esta dramática resolución parece haber sido mixta, pero los nuevos elementos rituales seguirían considerándose marginales durante algún tiempo. Cabe destacar que el célebre escritor ritualista Percy Dearmer no discute la imposición de cenizas en la edición de 1899 de su The Parson’s Handbook (Manual del párroco); sin embargo, para 1907 está dispuesto a sugerir en una nota al pie: «La ceremonia de la recepción de cenizas bien podría revivirse, donde se permita. Es un rito conmovedor y sencillo, y ciertamente «no es ni oscuro ni mudo»».16Percy Dearmer, The Parson’s Handbook [Manual del párroco] (Londres: Henry Frowde, 1907), 511. Evidentemente, la controversia se había enfriado lo suficiente durante esos años.

Aun así, las cenizas no llegan a ningún Libro de Oración oficial en este período. En cambio, comienzan a aparecer en diversos manuales litúrgicos «alternativos». El Christian’s Manual (Manual del cristiano) de 1898 incluye un ritual para la imposición de cenizas, al igual que los «Libros de Exeter» (Exeter Books) de 1919, publicados por la Society of SS. Peter and Paul. El Anglican Missal (Misal anglicano) de 1921 y el American Missal (Misal americano) de 1931 también lo hacen. Es igualmente importante señalar en qué consistían estas ceremonias de cenizas, pues son significativamente diferentes de la práctica contemporánea. En el Misal anglicano hay una oración para bendecir las cenizas que dice: «…bendice y santifica estas cenizas, para que sean una medicina saludable para todos los que humildemente invocan tu santo nombre… concede a todos los que invocan tu santo nombre, que siendo rociados con estas cenizas para la remisión de sus pecados, sean preservados para siempre».17The Anglican Missal [El Misal anglicano] (Londres: The London Society of SS. Peter and Paul, 1921), A111. Esta oración implica que las cenizas eran «rociadas» sobre las cabezas de los receptores y que poseen algo semejante a una instrumentalidad sacramental. Como tal, esta clase de práctica estaba lejos de la corriente principal. Ni la edición estadounidense de 1979 ni la de 2019 del Libro de Oración Común contienen este tipo de oración, y ninguna ofrece esta explicación de las cenizas. Así que, aunque pueda ser tentador ver la reaparición de las cenizas como el triunfo del ritual anglo-católico avanzado, una respuesta mejor hay que buscarla en otra parte.

La explicación más convencional del regreso de las cenizas puede encontrarse en los desarrollos de mediados del siglo XX, particularmente en los Prayer Book Studies (Estudios sobre el Libro de Oración) de la Comisión Litúrgica Permanente de la Iglesia Episcopal Protestante en los Estados Unidos. En 1957, la propuesta para un nuevo Oficio Penitencial es todavía muy modesta. No hay cenizas presentes. Pero para 1976, allí están, y tres años después aparecen en el nuevo Libro de Oración Común estadounidense. Sin embargo, incluso aquí, se presentan como una opción y no como una prescripción. Este contexto no refleja el simple triunfo del anglo-catolicismo victoriano. Estos cambios obedecen más directamente al movimiento litúrgico ecuménico suscitado por el Concilio Vaticano II. Probablemente esto explique también por qué las iglesias luteranas comienzan a introducir la imposición de cenizas, junto con otros ritos y ornamentos, en este mismo período o poco después. El uso de cenizas hoy en día es un consenso posterior al Vaticano II entre católicos romanos, protestantes de línea principal (mainline) y adherentes más recientes a la renovación litúrgica.

Conclusión

En la actualidad, la práctica de la imposición de cenizas como parte del servicio del Miércoles de Ceniza está extraordinariamente extendida. Entre los anglicanos de Norteamérica, es ciertamente la norma. Sería mucho más fácil contar aquellas parroquias que no la practican que aquellas que sí. Esto es verdad incluso entre grupos eclesiásticos con herencias de «iglesia baja» (low church) y evangélica. Pero esta es una tradición con un pedigrí sorprendentemente corto. Sin deberse ni a los «teólogos carolinos» (Caroline divines) ni a los «Antiguos Alto-eclesiásticos» (Old High Churchmen), la imposición de cenizas representa un desarrollo del siglo XX.

Esta historia puede enseñarnos varias cosas, pero principalmente pone de relieve cómo las tradiciones pueden inventarse y reinventarse —y cuán rápida y corporativamente puede suceder esto—. Ciertamente, la mayoría de los laicos da por sentado que el uso de cenizas es una costumbre antigua e ininterrumpida, y muchos sitios web parroquiales lo anuncian como tal. Cabe sospechar que la situación no es muy diferente entre el clero. De hecho, la práctica es bastante nueva. Por supuesto, contar la historia correcta sobre las cenizas no determina por sí solo cuál debería ser la práctica de cualquier diócesis o parroquia hoy en día. La relación entre pasado y presente es una cuestión recurrente en la tradición anglicana. No obstante, cualquier decisión sobre práctica e identidad necesitará primero conocer y comprender con exactitud esa tradición pasada.


Este artículo sobre «Ni ceniza a ceniza: una historia anglicana del Miércoles de Ceniza» fue publicado originalmente en Ad Fontes Journal  y ha sido traducido con el permiso del Pastor Steven Wedgeworth. Puede escuchar sus sermones aquí. Ad Fontes Journal es una publicación de The Davenant Institute, una insitución que busca recuperar la riqueza del protestantismo clásico para renovar y edificar la Iglesia contemporánea.18Los links que redirigen al lector a otros artículos de este sitio web no hacen parte del artículo original.

  • 1
    Bruce Gordon, Zwingli (New Haven: Yale University Press, 2022), 107–108.
  • 2
    Martín Lutero, Luther’s works [Obras de Lutero], vol. 53: Liturgy and Hymns [Liturgia e himnos], ed. J. J. Pelikan, H. C. Oswald y H. T. Lehmann (Fortress Press), 90.
  • 3
    Thomas Cranmer, «Carta 281, a Bonner», en Miscellaneous Writings and Letters of Thomas Cranmer [Escritos y cartas misceláneos de Thomas Cranmer] (Londres: Parker Society, 1846), 417.
  • 4
    Hugh Latimer, «Sermón del reverendo padre maestro Hugh Latimer, predicado en los cobertizos de la iglesia de San Pablo en Londres, el decimoctavo día de enero, año 1548».
  • 5
    Thomas Cranmer, «Respuesta a los 15 Artículos de los Hombres de Devonshire», en Miscellaneous Writings and Letters of Thomas Cranmer [Escritos y cartas misceláneos de Thomas Cranmer] (Londres: Parker Society, 1846), 176.
  • 6
    John Grant, Gods deliverance of man by prayer and mans thankefulnesse to God in prayses [La liberación divina del hombre por la oración y la gratitud del hombre a Dios en alabanzas], Early English Books Online, consultado el 20 de febrero de 2023. [N. del T.: La frase original «bulrushed Popishness» alude a Isaías 58:5, donde se habla de inclinar la cabeza como un junco en un ayuno falso].
  • 7
    Thomas Comber, «The Occasional Offices, 1679» [Los oficios ocasionales, 1679], reimpreso en A Companion to the Temple [Un manual del Templo], vol. 4 (Oxford: Oxford University Press, 1841), 504.
  • 8
    Robert Nelson, A Companion for the Feasts and Fasts of the Church of England [Un manual para las fiestas y ayunos de la Iglesia de Inglaterra], ed. Rivington, Nunn, Clarke, etc. (1826), 360.
  • 9
    John Brand, Observations on Popular Antiquities [Observaciones sobre antigüedades populares] (Londres: J. Johnson, 1777), 235.
  • 10
    John Brand y Henry Ellis, Observations on Popular Antiquities [Observaciones sobre antigüedades populares], vol. 1 (Londres: Charles Knight & Co., 1841), 53.
  • 11
    Letters to an Episcopalian on the Origin, History, and Doctrine of the Book of Common-Prayer [Cartas a un episcopaliano sobre el origen, historia y doctrina del Libro de Oración Común] (Londres: Kelly, Hedian & Piet, 1859), 225.
  • 12
    The Tutorial Prayer Book: For the Teacher, the Student, and the General Reader [El libro de oración tutorial: para el maestro, el estudiante y el lector general], ed. Charles Neil y J. M. Willoughby (Londres: The Harrison Trust, 1913), 164.
  • 13
    Massey Shepherd, The Oxford American Prayer Book Commentary [Comentario de Oxford al Libro de Oración americano] (Oxford: Oxford University Press, 1950), 124.
  • 14
    H. W. Dobson, The Christian Year [El año cristiano] (Londres: Macmillan Co., 1961), 82.
  • 15
    Nigel Yates, Anglican Ritualism in Victorian Britain: 1830–1910 [Ritualismo anglicano en la Gran Bretaña victoriana: 1830–1910] (Oxford: Oxford University Press, 1999), 218.
  • 16
    Percy Dearmer, The Parson’s Handbook [Manual del párroco] (Londres: Henry Frowde, 1907), 511.
  • 17
    The Anglican Missal [El Misal anglicano] (Londres: The London Society of SS. Peter and Paul, 1921), A111.
  • 18
    Los links que redirigen al lector a otros artículos de este sitio web no hacen parte del artículo original.

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