En 2005, Al Mohler publicó un ensayo muy útil titulado «Un llamado al triaje teológico y la madurez cristiana», en el cual se inspira en el uso del triaje médico en los hospitales, el cual les permite evaluar rápidamente y tomar decisiones respecto al orden de atención. Prácticamente todos han experimentado esto en algún nivel, incluso como pacientes. Probablemente hayas visitado la sala de urgencias por la noche debido a algún tipo de dolor, reacción, accidente u otro problema, y te hayas encontrado esperando mucho más de lo que habías imaginado para ser atendido por el médico. Esta espera, por más inconveniente que te resulte, es necesaria porque alguien que estaba en una condición mucho peor que tú (y que quizás llegó después de ti) pasó al frente de la fila. Este es el resultado del triaje médico.
Con esto en mente, Mohler hace un llamado a los cristianos para que empleen un triaje teológico con el fin de ayudar a resolver debates doctrinales. Para resumir la propuesta de Mohler, las cuestiones teológicas de primer nivel son aquellas que tocan el corazón mismo y el núcleo de lo que significa ser cristiano, tales como la Trinidad, la unión hipostática, el monoteísmo y la resurrección corporal, por nombrar solo algunas. En pocas palabras, uno debe creer estas cuestiones para ser cristiano.
Las cuestiones de segundo nivel son aquellas que separan denominaciones, como el bautismo, el gobierno eclesiástico o los dones carismáticos. Así, uno puede ser cristiano y negar el bautismo de infantes o el gobierno presbiteriano (¡aunque yo no me arriesgaría!). Este desacuerdo no necesariamente impide la salvación, pero sí establece un límite importante en la adoración y la comunión denominacional.
El nivel final consiste en creencias doctrinales sobre las cuales incluso cristianos dentro de la misma iglesia pueden discrepar sin necesidad de separarse. El ejemplo más común es la escatología. Uno puede ser amilenialista y aun así adorar y tener comunión en la misma congregación que alguien que es postmilenialista.
Este método de razonamiento teológico ayuda a equipar a los cristianos para contender ardientemente por la fe (Judas 3), mientras también mantienen una sana comunión y confraternidad cristiana. De este modo, el celo apropiado puede colocarse debidamente en las categorías correctas, así como la caridad donde surjan desacuerdos.
El consejo de Mohler es sabio y permanece tan relevante para los debates doctrinales de hoy como lo fue cuando escribió el ensayo por primera vez hace más de dos décadas. Actualmente, persiste una creciente división entre cristianos, incluso aquellos que están en el mundo evangélico reformado (o cuasi-reformado) más amplio, sobre loci teológicos de primer nivel, tales como la teología propia y la cristología.
¿Triaje para los debates trinitarios?
Esto se manifiesta con mayor claridad en los debates en curso respecto a la relación del Hijo con el Padre en la Trinidad inmanente. A pesar de estar a una década de distancia de los «debates trinitarios» de mediados de la década de 2010, la cuestión sigue viva y vigente.
Recientemente, en una entrevista con Sean Demars en el podcast «Room for Nuance», Owen Strachan reiteró sus puntos de vista en apoyo de la relación eterna de autoridad y sumisión del Hijo (ERAS, por sus siglas en inglés). A esto le siguió un llamado al triaje teológico respecto a estos debates, e insistió en que la subordinación eterna no es una cuestión de primer nivel.
No ha faltado tinta derramada sobre este tema, y yo mismo ya he respondido antes a algunos de los comentarios de Strachan. Además, muchos teólogos de habilidades y conocimientos mucho mayores que los míos han abordado la visión heterodoxa de la subordinación eterna del Hijo con claridad y precisión, por lo que no es realmente necesario recorrer de nuevo los argumentos sobre por qué ERAS debería considerarse fuera de los límites de la ortodoxia.
Sin embargo, lo que quiero hacer es presentar un breve argumento de que ERAS es efectivamente una cuestión de primer nivel. Después de todo, los proponentes de ERAS han afirmado que «no hay Santa Trinidad sin el orden de autoridad y sumisión».1Owen Strachan y Gavin Peacock, The Grand Design: Male and Female He Made Them [El gran diseño: varón y hembra los creó] (Fearn: Christian Focus Publications, 2016), 87. Por lo tanto, mi objetivo es mostrar su importancia de primer nivel demostrando que ataca el corazón mismo de la fe cristiana en tres áreas clave: la teología propia, la cristología y la soteriología. Debido al espacio, solo puedo aspirar a catalogar algunas de las cuestiones subyacentes en lugar de dar explicaciones completas de cómo ERAS viola cada locus teológico. Como veremos, cada categoría está inseparablemente ligada a las demás. Animo a los lectores no familiarizados con este tema a que se adentren en la abundante literatura ya publicada.
Atacando los puntos vitales
Para comenzar, ERAS ataca los puntos vitales de la teología propia porque enseña una jerarquía antibíblica de las personas divinas.
ERAS exige que el Hijo (y el Espíritu) sean ontológicamente inferiores al Padre. Por ejemplo, Bruce Ware afirma que el Padre es «supremo entre las personas de la Deidad»,2Bruce Ware, Father, Son, and Holy Spirit: Relationships, Roles, and Relevance [Padre, Hijo y Espíritu Santo: relaciones, roles y relevancia] (Wheaton, IL: Crossway, 2005), 46-51. y «tiene supremacía absoluta e indiscutida, incluyendo autoridad sobre el Hijo».3Ibíd., 153. Uno podría objetar que esta autoridad es meramente funcional. Sin embargo, para citar a Ware nuevamente, el Padre tiene «primacía ontológica» sobre el Hijo y el Espíritu.4Bruce Ware, «Unity and Distinction of the Trinitarian Persons» [Unidad y distinción de las personas trinitarias], en Trinitarian Theology: Theological Models and Doctrinal Application [Teología trinitaria: modelos teológicos y aplicación doctrinal], ed. Keith S. Whitfield (Nashville, TN: B&H Academic, 2019), 36. Kindle. Para que este tipo de jerarquía entre las personas ad intra fuera verdadera, se requerirían al menos estos cuatro elementos: (1) una redefinición de lo que es una persona divina, (2) una negación de que las personas divinas sean idénticas a la esencia divina, (3) un rechazo de la doctrina clásica de la simplicidad, y (4) voluntades individuales dentro de la Deidad. Como se puede ver, estos cuatro elementos también tienen gran relevancia para la doctrina de Cristo. En última instancia, la doctrina clásica de Dios debe reescribirse por completo para afirmar la subordinación eterna.
En segundo lugar, ERAS ataca los puntos vitales de la cristología porque enseña que la voluntad del Hijo ad intra es distinta de la del Padre.
Para que haya verdadera sumisión entre personas, una debe someter su voluntad a otra. Esto significa que, por definición, el Hijo debe tener una voluntad distinta con la cual someterse al Padre. Las múltiples voluntades no son solo una receta para el desastre en la teología propia, sino también en la cristología. Si la voluntad del Hijo es distinta de la del Padre, entonces debemos situar la voluntad como una propiedad de la persona y no de la naturaleza. Así, el Hijo encarnado habría asumido nuestra naturaleza humana excepto la voluntad. Es difícil ver cómo los proponentes de ERAS evitan el monotelismo. Si un proponente de ERAS intenta sostener que la voluntad es una propiedad de la naturaleza como se entiende clásicamente, entonces eso significa que la naturaleza divina de Cristo no es idéntica a la naturaleza del Padre. Cualquiera de los dos escenarios trae consecuencias desastrosas.
Por último, ERAS ataca los puntos vitales de la soteriología porque un Cristo con una sola voluntad no puede salvar.
Si Cristo tiene solo una voluntad, entonces el creyente no tiene esperanza de salvación. Nuestra salvación depende de la realidad de que Jesucristo no solo es verdaderamente Dios, sino también verdaderamente hombre. Si Cristo no tiene voluntad humana, entonces nuestra voluntad nunca podrá liberarse de la esclavitud del pecado. Como bien afirma Gregorio de Nacianzo:
Lo que no es asumido no es sanado.
Una de las grandes y gloriosas verdades del evangelio es que el eterno Hijo divino asumió la humanidad en su plenitud, sin pecado, para vivir una vida perfectamente obediente y cumplir el pacto de obras en nuestro nombre. Esta justicia perfecta se nos acredita solo por la fe. Como dijo J. Gresham Machen en su lecho de muerte:
Estoy tan agradecido por la obediencia activa de Cristo. Sin ella no hay esperanza.
Un Cristo sin voluntad humana nos da menos que la perfecta obediencia activa requerida para nuestra redención.
Conclusión
Las conclusiones lógicas de la posición ERAS socavan estas posturas. Estoy agradecido de que, en muchos casos, los proponentes de ERAS sean inconsistentes y no sigan sus creencias hasta sus fines lógicos. Sea como fuere, la enseñanza en sí misma tiene ramificaciones negativas para la fe cristiana; por lo tanto, sigue siendo una cuestión de primer nivel. Tratarla de otra manera sería tratar una herida de bala en la cabeza con la misma urgencia que un dedo del pie roto.
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Este artículo ha sido traducido con el permiso del pastor Derrick Brite y fue publicado originalmente Reformation 21 5Los enlaces que llevan a otros artículos de este sitio web no hacen parte del artículo original.
- 1Owen Strachan y Gavin Peacock, The Grand Design: Male and Female He Made Them [El gran diseño: varón y hembra los creó] (Fearn: Christian Focus Publications, 2016), 87.
- 2Bruce Ware, Father, Son, and Holy Spirit: Relationships, Roles, and Relevance [Padre, Hijo y Espíritu Santo: relaciones, roles y relevancia] (Wheaton, IL: Crossway, 2005), 46-51.
- 3Ibíd., 153.
- 4Bruce Ware, «Unity and Distinction of the Trinitarian Persons» [Unidad y distinción de las personas trinitarias], en Trinitarian Theology: Theological Models and Doctrinal Application [Teología trinitaria: modelos teológicos y aplicación doctrinal], ed. Keith S. Whitfield (Nashville, TN: B&H Academic, 2019), 36. Kindle.
- 5Los enlaces que llevan a otros artículos de este sitio web no hacen parte del artículo original.


