Una de las joyas de la corona del Libro de Oración Común es la Confesión General en La Oración Matutina y Vespertina. En términos teológicos, esta ofrece una descripción clara de lo que los cristianos creen sobre la condición humana: somos propensos a apartarnos de Dios y que necesitamos de su perdón. En términos literarios, se trata de una composición magníficamente balanceada y llena de frases memorables, tales como “nos hemos alejado de tus caminos y como ovejas perdidas hemos vagado fuera de tus senderos” y “los planes y deseos de nuestro propio corazón”1Para un breve análisis retórico de la Confesión General, véase: Alan Jacobs, The Book of Common Prayer: A Biography (2013) 61-64.. Las fuentes de esta corta oración son al menos dieciséis pasajes bíblicos2La Confesión es un tejido de frases bíblicas, basadas en general en el análisis del pecado de San Pablo en Rom. Vii.8-25. Los pasajes citados aparecen en el siguiente orden: Isaías liii.6, Salmo cxix.176, 1 Ped. ii.25, Prov. xix.21, Jer. xviii.12, 2 Cr. xxviii.13, Mat. xxiii.23, Salmo xxxviii.3, Lucas xviii.13, Salmo li.1, Neh. xiii.22, Salmo li.12, Rom. xv.8, 1 Juan ii.12, Tit. ii.11-12, Juan xiv.13″. Massey Hamilton Shepherd, Jr., The Oxford American Prayer Book Commentary (1950) 5-6. De acuerdo con C. Frederick Barbee y Paul F. M. Zahl, The Collects of Thomas Cranmer (1999) xvi.. Estas palabras de arrepentimiento se han grabado en la memoria de generaciones de anglicanos. La oración no aparece en el primer Libro de Oración Común (1549), sino que fue compuesta para la segunda versión (1552), 3Para un breve análisis de los libros, véase Diarmaid MacCulloch, “Putting the English Reformation on the Map: The Prothero Lecture” (2005) 15 Transactions of the Royal Historical Society 75, 85, 87-88. y estas palabras han permanecido esencialmente inalteradas en los libros de oración anglicanos. 4Algunos ejemplos son el libro de oraciones de 1928 de la Iglesia Episcopal y el Libro de Oración de 2003 de la Reformed Episcopal Church
Sin embargo, para algunos revisores modernos, la cláusula que figura en el centro de la oración, es decir, “Y en nosotros no hay salud”, ha resultado polémica. El origen del problema no es la evolución semántica ni el cambio gramatical. Peter Hitchens señala que las palabras de la Confesión General no son “arcaicas o difíciles”, sino que “son palabras en inglés sencillo de una o dos sílabas”5Peter Hitchens, The Rage Against God (2010) 79.. La cuestión no es lingüística, sino que “no son palabras fáciles de decir si las tomas en serio”6Ibídem.
En el actual Libro de Oración de la Iglesia Episcopal (TEC, por sus siglas en inglés), es decir, el Libro de Oración Común de 1979, la Confesión General se mantiene casi intacto en el servicio en lenguaje tradicional (Rito I). Sin embargo, los revisores optaron por omitir “Y en nosotros no hay salud”7Al igual que con la “expurgación” del Venite, existe un precedente para la omisión en la abreviación de Benjamin Franklin del Libro de Oración Común. Bryan D. Spinks, Liturgy in the Age of Reason: Worship and Sacraments in England and Scotland, 1662-c. 1800 (2008) 155..
En el servicio en lengua contemporánea (Rito II), se utiliza una confesión totalmente diferente y la oración de Cranmer desaparece de la vista. Ambas revisiones – la que mantiene la oración de Cranmer pero omite una cláusula, y la que sustituye por completo la oración de Cranmer – parecen reflejar la opinión de que el antiguo Libro de Oración era demasiado severo en este asunto del pecado y necesitaba suavizarse. También existía la preocupación de que la cláusula es “teología cuestionable, ya que parece implicar que no queda bondad en nosotros como resultado de nuestros pecados”8Christopher L. Webber, A User’s Guide to the Book of Common Prayer: Morning and Evening Prayer (2005) 8. Reinhold Niebuhr, por el contrario, llegó a enfatizar la expresión litúrgica de la doctrina del pecado original, particularmente tal como se encuentra en la Confesión General y su cláusula “Y no hay salud en nosotros”. David R. Bains, “Conduits of Faith: Reinhold Niebuhr’s Liturgical Thought” (2004) 73 Church History 168, 182..
Entra en escena la Iglesia Anglicana de Norteamérica (ACNA), que está elaborando su propio Libro de Oración, en gran parte retocando los servicios del libro de la Iglesia Episcopal de 1979. Hay imperativos contrapuestos en esta revisión, que incluyen dar algunos pasos atrás hacia la tradición clásica del libro de oraciones, al tiempo que se utiliza un lenguaje más contemporáneo. Para la Confesión General, los revisores tuvieron que decidir qué hacer con “Y no hay salud en nosotros”. Su decisión es reveladora: demuestra lo difícil que es la revisión litúrgica y por qué no es fácil separar la forma litúrgica del contenido litúrgico.
Healt (salud) y su uso antiguo
Para entender las dificultades a las que se enfrentan los revisores, tenemos que empezar hace mucho tiempo. Health forma parte de un grupo de palabras inglesas que utilizamos hoy en día -whole, hale, holy, health- y que se remontan en el inglés antiguo a una raíz germánica común9Inglés antiguo hāl, alemán heil. En el uso antiguo, el sentido dominante de salud (health) era el de solidez, tanto del cuerpo como del alma. En el uso religioso, salud podía ser sinónimo de salvación. Así, William Tyndale, al traducir la historia de Zaqueo en el Evangelio de Lucas, hace que Jesús le diga al recaudador de impuestos arrepentido: “Hoy ha llegado la salud a esta casa” (Lucas 19:9)10William Tyndale (Pentateuco, Jonás y NT), 1530-1534 (base de datos Chadwyck-Healey Bible in English). George Herbert utiliza salud en este sentido en su poema “The Holy Scriptures”, cuando habla de que encontramos la salvación a través de ellas: “Tú eres todo salud, salud floreciente, hasta hacer / Una eternidad plena”. Obsérvese que la descripción de Herbert de encontrar la salvación en las Escrituras, al igual que la afirmación del Artículo VI de que “la Sagrada Escritura contiene todo lo necesario para la salvación”, se refiere a nuestro conocimiento de la salvación, no a su fuente última. Oliver O’Donovan, On the Thirty-Nine Articles: A Conversation with Tudor Christianity (2d ed., 2001) 46.. La traducción más familiar para los lectores de la Biblia Inglesa, “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”, no aparece hasta pasadas varias décadas11Bishops’ Bible, 1568 (Chadwyck-Healey Bible en la base de datos inglesa) (“This daye is saluation -salud/salvación- come to this house”). La versión de la Biblia de los Obispos fue adoptada por Ginebra, Douai-Rheims y la versión King James. La palabra griega es σωτηρία..
El uso más antiguo de salud sugiere dos sentidos diferentes para el “Y no hay salud en nosotros” en la Confesión General.
Uno es una metáfora de la salud física. Al igual que la enfermedad hace estragos en el cuerpo, el pecado hace estragos en el alma. Junto con las metáforas de la carga y la deuda, la enfermedad es una metáfora común del pecado en la Biblia12Joseph Lam, Patterns of Sin in the Hebrew Bible: Metaphor, Culture, and the Making of a Religious Concept (2016).. Como dice Richard Hooker, el “arrepentimiento”, “la conversión secreta del corazón”, puede describirse sin hipérbole “como una recuperación del alma del hombre de una enfermedad mortal”13Richard Hooker, Of the Laws of Ecclesiastical Polity, Book VI (P. G. Stanwood, ed. 1981) (Folger Library Edition of the Works of Richard Hooker, W. Speed Hill, general ed., vol. 3) ch 5.5, 59.. La idea no es que todos estamos tan mal como podemos estar, pues nuestra enfermedad puede progresar (nuestra carga crece, nuestras deudas se acumulan). En cambio, la idea es que para cada uno de nosotros, cada parte, cada facultad que tenemos, no es saludable. Para este sentido de “no hay salud” como enfermedad generalizada, Cranmer tenía un antecedente bíblico en Isaías 1:6. En la traducción popularmente atribuida a John Wycliffe, el Señor dice de Israel que desde la planta del pie hasta la cabeza “no hay en él cosa sana”14John Wycliffe (tardío), c. 1395 (base de datos Chadwyck-Healey Bible in English). Para una crítica de la asociación de esta traducción con Wycliffe, véase Henry Ansgar Kelly, The Middle English Bible: A Reassessment (2016). Para Isaías 1:6, Coverdale eligió whole/entero: “From the sole of the foote vnto the heade, there is no whole parte in all yor body/Desde la planta del pie hasta la cabeza, no hay ninguna parte sana en todo vuestro cuerpo”. Miles Coverdale, 1535 (base de datos Chadwyck-Healey Bible in English)..
El segundo sentido proviene de la equiparación de la salud con la salvación o la liberación. En este punto de la Confesión General acabamos de confesar nuestros pecados de omisión y de comisión, y ahora la pregunta es a quién podemos acudir en busca de liberación.
En palabras de San Pablo, “¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?”. (Romanos 7: 24). No nosotros mismos, es la respuesta en la Confesión General. Cranmer también tenía antecedentes listos para el sentido de “sin salud” como “sin salvación” en los Salmos. Consideremos, por ejemplo, el Salmo 146:2 en la traducción de Coverdale:
O put not your trust in princes, nor in any child of man: for there is no help in them.
[Oh, no pongas tu confianza en príncipes, ni en ningún hijo de hombre: porque no hay ayuda en ellos – traducción directa del inglés]
Donde Coverdale tiene “help” [ayuda], la traducción atribuida a Wycliffe tenía “health” (helthe) [salud]15John Wycliffe (tardío), hacia 1395 (base de datos Chadwyck-Healey Bible in English), utilizando la numeración de la Vulgata (es decir, Salmo 145). La KJV tiene “help” con una lectura marginal de “salvation”, la Vulgata tiene salus, y la LXX σωτηρία. Otro ejemplo de “salud” como “liberación” en una traducción inglesa de los Salmos puede verse en el Salmo 119:154-155 en la traducción de Coverdale: Avenge thou my cause, and deliver me: quicken me, according to thy word. Health is far from the ungodly: for they regard not thy statutes/Haz justicia a mi causa y líbrame; vivifícame según tu palabra. Lejos está de los impíos la salud, porque no miran tus estatutos... No confíes en ningún hijo de hombre, podríamos decir, porque no hay salud – ni salvación – en ellos.
No hay necesidad de elegir entre estos dos sentidos de la cláusula (es decir, que estamos enfermos y que no podemos curarnos). Como dice uno de los antiguos comentaristas del Libro de Oración Común: “No sé cuál preferir, y por eso pensé que era mejor unirlos”16Thomas Bennet, A Paraphrase with Annotations upon the Book of Common Prayer (2ª ed., 1709) 24. Una conclusión similar está implícita en Richard Mant, The Book of Common Prayer with notes, vol. 1 (abridged ed., 1824) 11, and Hugh Evan Hopkins, Morning and Evening Prayer: An Exposition of the Daily Offices (1963) 74-75. Hace tiempo que se ha observado que la Confesión General se corresponde en casi todos los puntos con alguna frase de Romanos 7, y eso es cierto en los dos sentidos en que podemos tomar “Y no hay salud en nosotros”. En la Confesión General estamos diciendo, con San Pablo, “en mí (es decir, en mi carne) no mora nada bueno” (ninguna salud), así como “¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?” (ninguna salvación).. En palabras espirituales:
Hay bálsamo en Galaad,
para curar a los heridos;
Hay poder suficiente en el cielo
para curar un alma enferma de pecado.
Sin embargo, la cláusula todavía molesta a algunos fieles modernos. Decir que hay alguna enfermedad en nuestras almas es un punto en el que todos los cristianos podrían estar de acuerdo. Pero, ¿qué hay de decir que “en nosotros no hay salud”? ¿Somos tan malos? ¿Acaso la gracia de Dios no logra nada en nuestras vidas? Y si hasta aquí surgen preguntas en la mente de un fiel… bueno, apenas estamos al inicio del servicio de Oración Matutina o Vespertina, y es posible que el fiel ya se haya perdido.
La solución del borrador de la ACNA
Para el borrador del Libro de Oración de la ACNA, los revisores decidieron añadir una breve frase justo antes de la cláusula ofensiva. Ahora dice: “y sin tu gracia, no hay salud en nosotros”. La preocupación detrás de esta revisión es sin duda pastoral, para evitar la idea errónea de que nada en nosotros es precioso para Dios. Y la solución es inteligente. La cláusula de Cranmer permanece intacta, pero con un pequeño matiz para evitar confusiones. No es que “no haya salud en nosotros” y punto, sino que cualquier salud que pueda haber en nosotros es obra de la gracia divina. Sola gratia, como dirían los reformadores. De hecho, es difícil argumentar que la frase añadida sea incorrecta. Desde muchos puntos de vista diferentes de la relación entre naturaleza y gracia, puede decirse realmente a Dios: ” sin tu gracia, no hay salud en nosotros”.
Sin embargo, la verdad no resuelve del todo la cuestión de si la frase calificativa debería insertarse en la Confesión General. Muchas cosas verdaderas no encuentran su lugar en esta breve oración. Además, como protestantes, los anglicanos sostienen como artículo de fe que las Escrituras son la única autoridad suprema (Artículos VI y XIX)17Edward Harold Browne, An Exposition of the Thirty-Nine Articles of Religion: Historical and Doctrinal (1865) 140 (“Cuando buscamos autoridad a favor de cualquier doctrina, sabemos de inmediato a dónde ir, si la Escritura es nuestra regla”).. Por lo tanto, se supone que las palabras que decimos en el Libro de Oración Común son conformes al modelo de las Escrituras. Vale la pena preguntarse explícitamente: ¿la pequeña glosa “sin tu gracia” acerca o aleja esta oración a la forma en que se expresa el arrepentimiento en las Escrituras?
Una vez planteada esa pregunta, la respuesta es bastante fácil. “Y no hay salud en nosotros” es un lenguaje ricamente bíblico. En uno de los versículos ya mencionados, Dios dice a su pueblo por medio del profeta Isaías (Isaías 1:5-6):
¿A qué castigaros todavía, si aún os vais a rebelar? Toda la cabeza está enferma; el corazón todo, lánguido. Desde la planta de los pies hasta la cabeza no hay en él nada sano. Heridas, hinchazones, llagas pútridas, ni curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Versión Nácar Colunga
El profeta utiliza la metáfora del cuerpo, el cuerpo físico, y describe en términos gráficos su falta de salud. No hay calificativos como “Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay salud en él, aparte de mi gracia”. Sesenta y tres capítulos después, el profeta dice que “todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia” y “no hay quien invoque tu nombre” (Isaías 64:6-7). De nuevo no hay ninguna cualificación entrometida.
Pero tal vez se trate sólo del Libro de Isaías. ¿Y si nos fijamos en los Salmos? En el Salmo 38, un Salmo de David, encontramos estas palabras en la traducción de Coverdale:
“Put me not to rebuke, O Lord, in thine anger: neither chasten me in thy heavy displeasure. For thine arrows stick fast in me: and thy hand presseth me sore. There is no health in my flesh, because of thy displeasure: neither is there any rest in my bones, by reason of my sin.”
[“No me reprendas, Señor, en tu ira, ni me castigues en tu gran disgusto. Porque tus saetas se clavan en mí, y tu mano me oprime. No hay salud en mi carne a causa de tu desagrado, ni reposo en mis huesos a causa de mi pecado – Traducción directa del inglés]
Ahí está casi exactamente: “No hay salud en mi carne”. Una vez más no vemos ningún indicio de la cualificación. ¿Es necesario que David diga: “No hay salud en mi carne”, mientras que nosotros sí podemos decir: “Sin tu gracia, no hay salud en mi carne”?
No se trata sólo de Isaías y David. Cuando Daniel confiesa sus pecados y los de Israel, lo hace largamente (Daniel 9:4-19). Pero no hay ninguna alusión a este tipo de cualificación.
¿Y en el Nuevo Testamento? Una oración de confesión se pone en boca de un recaudador de impuestos. En contraste con la justicia propia del fariseo, el recaudador de impuestos reza: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). De nuevo no hay advertencia: no es “Dios, sé propicio a mí, que aparte de tu gracia soy un pecador”.
De hecho, es bastante dudoso que haya alguna confesión bíblica que tenga este tipo de salvedad sobre la gracia de Dios. Pero decir simplemente “Y no hay salud en nosotros” resuena plenamente con el patrón bíblico. El patrón no sólo está en estas oraciones de arrepentimiento, sino también en las Bienaventuranzas (donde se comienza con los pobres en espíritu) y en la instrucción de nuestro Señor al joven rico de venderlo todo. (¿No habría quedado claro el punto vendiendo el 90% de sus posesiones?) Cuando decimos “todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia”, no nos apresuramos a añadir “excepto las buenas obras que tú nos ordenaste hacer”. Cuando cantamos “Nada en mi mano traigo” no nos apresuramos a decir “excepto lo que tengo por tu gracia”. Incluso cuando esta calificación sea denotativamente verdadera, su destrucción de la actitud apropiada puede hacerla connotativamente falsa.
Así pues, la frase cranmeriana no es una exageración estilística, sino que forma parte de un modelo bíblico de abandonar nuestras propias defensas, prerrogativas y posesiones. Y aquí radica el significado del final de la cláusula: “en nosotros”. No “en nosotros en Cristo”. Sino “en nosotros” en el sentido de “en nosotros mismos, en nosotros considerados por nosotros mismos”. Cuando nos consideramos a nosotros mismos – “en nosotros”- ninguna parte de nosotros está bien, ninguna parte está sana. No hay salud en nosotros.18Énfasis añadido por el traductor.
Además, la glosa calificativa rompe el equilibrio de la frase. Esta cláusula es la última de una frase de tres cláusulas: “[1] No hemos hecho lo que debíamos; [2] hemos llevado a cabo lo que no debíamos hacer; [3] Y en nosotros no hay salud “. Las dos primeras cláusulas son más largas y están equilibradas con precisión. La tercera se aparta bruscamente del paralelismo de las anteriores en sintaxis y longitud, manteniendo su sentido, aunque cambiando el tono hacia una evaluación más enfática de nuestra condición.
Se trata de un tipo de efecto sintáctico reconocido. La retórica Virginia Tufte señala: “Las estructuras paralelas se utilizan a veces para desencadenar y enfatizar una ruptura abrupta de las mismas”19Virginia Tufte, Artful Sentences: Syntax as Style (2006) 232.. A continuación, Tufte da dos ejemplos, en ambos de los cuales dice que “los patrones repetidos construyen hacia un clímax que rompe con el paralelismo”20Íbidem. Este es su primero:
“Según el Almanaque, Mae West nació en 1893.
Según Mae West, Mae West tiene 28 años.
El almanaque miente”21Íbidem. (citando a Burt Prelutsky, “At Home with Mae West,” 4)..
Esta es la segunda:
“El hombre que así invocaba a un santo, más tarde repudiaba el culto a los santos. El que juró hacerse monje renegó más tarde del monacato. Hijo leal de la Iglesia católica, más tarde destrozaría la estructura del catolicismo medieval. Devoto servidor del Papa, más tarde identificaría a los Papas con el Anticristo. Este joven era Martín Lutero”22Íbidem. (citando a Roland H. Bainton, Here I Stand: A Life of Martin Luther, 15)..
Así es como funciona “Y no hay salud en nosotros” en la Confesión General: un paralelismo finamente equilibrado se intensifica por una conclusión abrupta y sintácticamente chocante23Cf. Ian Robinson, “Religious English: Deus non potest apprehendi nisi per verbum” (1967) 2 The Cambridge Quarterly 303, 332 (señalando el “efecto de progreso” en la Confesión General que conduce a la única “frase que une al resto”, a saber, “Y no hay salud en nosotros”); Daniel Swift, “The Book of Common Prayer”, en The Oxford Handbook of English Prose 1500-1640 576 (Andrew Hadfield, ed., 2013) 576, 584 (reconociendo el “salto a la tercera cláusula”).. El efecto desaparece cuando la cláusula se alarga a “y aparte de tu gracia, no hay salud en nosotros”. Las palabras de Cranmer siguen ahí. Pero en la frase de Cranmer, debido a la estructura de su oración, tenían una intensidad especial.
Por último, “Sin tu gracia” socava la forma de la oración en su conjunto. En la oración de Cranmer, “Y no hay salud en nosotros” viene al final de la primera mitad de la Confesión General. Es el final de un descenso, el punto más bajo. Con las siguientes palabras comienza el ascenso. Estas palabras son lo que Alan Jacobs llama “el pivote repentino”24Jacobs, The Book of Common Prayer, at 63.: “Pero tú, Señor”25El borrador del Libro de Oraciónde la ACNA resta importancia a este eje también de otras maneras. Desaparece “Pero tú”; la cláusula comienza “Oh Señor”. También está ausente el patrón de uso del pronombre que enfatiza el pivote. Alan Jacobs explica: “Quizá lo más sorprendente de todo es lo que Cranmer hace con los sujetos gramaticales de sus cláusulas: ‘Hemos errado y nos hemos desviado. . . Hemos seguido . . . Hemos ofendido. . . Hemos dejado de hacer… hemos hecho’ -este pronombre suena como una campana- y luego el repentino giro: Pero tú, Señor, ten piedad… perdónanos… restauranos”. . . concédenos'”. Id. en 62-63. En el borrador de la ACNA, todos los pronombres de segunda persona después del giro han desaparecido.. De este modo, Cranmer está controlado por la retórica bíblica. En Efesios 2, San Pablo dice a los efesios que una vez estuvieron “muertos en delitos y pecados”, un punto que procede a elaborar en una serie de cláusulas (Efesios 2:1-3). Luego vienen las conmovedoras palabras: “Pero Dios”26La disyunción en Efesios 2:4 no es un artefacto de la traducción inglesa: ὁ δὲ θεὸς..A partir de esta antítesis, de esta interrupción divina, San Pablo procede inmediatamente a hablar de la misericordia: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó” (Ef 2,4). Lo mismo hace Cranmer: “Pero tú, Señor, ten piedad de nosotros”. Lo que San Pablo relata, Cranmer lo pide. Para ambos no hay una separación fácil entre forma y contenido. La gracia divina es disyuntiva; su lenguaje también lo es.
Sin embargo, todo esto se enturbia con el calificativo ” sin tu gracia”. En lugar de que la cláusula sirva como fondo del descenso del pecador -la pocilga para el Hijo Pródigo-, este momento de completa vulnerabilidad y necesidad se debilita perceptiblemente con esta seguridad de que “no hay salud en nosotros” no es la última palabra, la única palabra que podría decirse de nosotros. Sin embargo, esa seguridad no es necesaria. Hay más palabras. Vienen en la siguiente frase. Lo único que necesitamos es paciencia para esperarlas.
Mientras tanto, como el Salmista y como el profeta Jonás, bajamos a las profundidades, al Pozo de la Corrupción, del que Dios nos agarra con mano firme y nos saca. Con esta oración recreamos, y describimos como profundamente verdadero de nuestras propias almas, el progreso del libertino y la redención del pecador27Obra de William Hogarth . Pero la melodía puede perderse con una nota discordante.
Estas observaciones podrían resistirse como una mera cuestión de estilo. Sin embargo, nuestro Señor, hablando con el poder del Espíritu Santo, como alguien que tenía autoridad (Marcos 1:22), no desdeñó utilizar recursos retóricos. Tampoco lo hace Cranmer. En la Confesión General, vemos una oración cuidadosamente elaborada. Sigue de cerca los modelos bíblicos para expresar el arrepentimiento. Une dos hilos del pensamiento bíblico, uno describe nuestros pecados con la metáfora de la enfermedad y el otro habla de nuestra incapacidad para curarnos. La oración utiliza una técnica retórica para realzar la fuerza de su cláusula central. Y emplea una estructura espacial que nos lleva por etapas de descenso y ascenso, al igual que en los Salmos de David y en Jonás. Sería exagerado decir, como hizo David Daube de la ley bíblica, que “la forma es el mensaje”28David Daube, “The Form is the Message,” en Ancient Jewish Law: Three Inaugural Lectures (1981).. Pero sería una exageración clarificadora. La forma puede ser parte integrante del mensaje. El “cómo se dice algo” es parte de “lo que se dice”29Samuel L. Bray and John F. Hobbins, Genesis 1–11: A New Old Translation for Readers, Scholars, and Translators (2017) 7..
Qué podría hacerse entonces
Para el revisor que contemple esta frase, ¿qué podría hacerse entonces? Una opción sería añadir una sola palabra, de modo que se lea: “Y no hay salud salvadora en nosotros”. Ese uso, el emparejamiento de “salud” con el explicativo “salvadora”, se encuentra en otras partes del Libro de Oración Común, concretamente en la Oración por todas las condiciones de los hombres y en la traducción de Coverdale del Salmo 67. Esa revisión haría aflorar tanto el sentido de solidez (salud) como el de liberación (salvación). Explica la metáfora para una era literal. Pero incluso esa revisión podría suavizar el golpe. Añadir una palabra debilitaría ligeramente la presión de la abrupta valoración de Cranmer de que estamos enfermos y somos incapaces de ser nuestros propios médicos.
Más importante aún, hay una razón teológica para rechazar “Y no hay salud salvadora en nosotros”. Tal como se usa aquí en la Confesión General, podría interpretarse en apoyo de una inferencia pelagiana, como si hubiera algo de salud en nosotros, pero no la suficiente para la salvación. Tal interpretación sería claramente contraria a las normas doctrinales anglicanas (Artículos IX, X y XI y la Homilía sobre la Salvación de la Humanidad). El Artículo IX incluso llama a los pelagianos por su nombre.
Otra opción sería sustituir salud por otra palabra, como salvación, liberación, ayuda o esperanza. La ganancia sería una comprensión inequívocamente clara de un significado de la frase de Cranmer. Pero habría un cierre del otro significado, una pérdida de la metáfora de la salud, con su resonancia con los muchos pasajes bíblicos que hablan del pecado y el perdón en el lenguaje de la enfermedad física y la recuperación (por ejemplo, Levítico passim, 2 Reyes 5:10, Salmo 103:3, Isaías 53:5, 1 Pedro 2:24).
La mejor posibilidad, al parecer, es dejar simplemente la cláusula cranmeriana. Hay un doble sentido en “Y no hay salud en nosotros”. Requiere una explicación30Para ejemplos útiles, véase el sermón de Charles Simeon, “Cristo nuestro médico”, en Horae Homileticae, vol. 9 (1832), y el sermón de David Kennedy, “Y no hay salud en nosotros”, predicado en la catedral de Durham el 6 de octubre de 2013. Tanto Simeón como Kennedy comienzan con la salud y pasan a la liberación, con Jesús como el médico (Simeón) o el único sano (Kennedy). Kennedy dice de la Confesión General: la oración es una oración plural, y aunque podríamos pensar que tiene . . . en mente a la congregación local, nosotros que nos hemos reunido aquí esta mañana, creo que también hay algo universal en lo que decimos. Recordemos que Jesús mismo dijo que todos estamos contaminados no por lo que comemos, por lo que entra en nuestro cuerpo, sino por lo que sale del corazón, y enumera muchos vicios, y aunque creamos que evitamos algunos de ellos, sabemos que todos forman parte de nuestra extraña naturaleza humana, capaz de tanto bien y de tanto mal. Con el salmista clamamos por un corazón nuevo. Y Jesús también nos recuerda que nuestros deseos son tan culpables como nuestras acciones. Todo esto arroja una nube sobre nuestra bondad; estropea la imagen de Dios que hay en nosotros. Y en nosotros no hay salud”].. Pero nadie parece haber pensado, quizá hasta la llegada de Eugene Nida en el siglo XX, que un servicio litúrgico o una traducción de la Biblia deban comprenderse sin esfuerzo y sin instrucción31Vea Stephen Prickett, Words and The Word: Language, poetics and biblical interpretation (1986) 4-36; Barry Spurr, The Word in the Desert: Anglican and Roman Catholic Reactions to Liturgical Reform (1995) 63, 72. No es culpa de Isaías, ni del Espíritu Santo que habló a través de Isaías, que el eunuco etíope necesitara que alguien le guiara (Hechos 8:31). Cuando hacemos la oración de la mañana y de la tarde, y pronunciamos las palabras “Y no hay salud en nosotros”, estamos descendiendo con David y Jonás, con Isaías y San Pablo. Descendamos hasta las profundidades.
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Este artículo32Los subtítulos y enlaces que redirigen a nuestro sitio web no hacen parte del artículo original. Por otra parte, hemos decidido dejar la mayoría de notas al pie, por si alguien desea profundizar en las fuentes proporcionadas en el artículo. ha sido traducido con el permiso del Dr. Samuel L. Bray. Él es uno de los editores de la versión internacional del Libro de Oración Común de 1662 (junto con el Dr. Drew Keane) el cual puede comprar aquí. El próximo año, ellos van a publicar un libro sobre cómo usar el Libro de Oración Común, el cual puede reservar aquí.
- 1Para un breve análisis retórico de la Confesión General, véase: Alan Jacobs, The Book of Common Prayer: A Biography (2013) 61-64.
- 2La Confesión es un tejido de frases bíblicas, basadas en general en el análisis del pecado de San Pablo en Rom. Vii.8-25. Los pasajes citados aparecen en el siguiente orden: Isaías liii.6, Salmo cxix.176, 1 Ped. ii.25, Prov. xix.21, Jer. xviii.12, 2 Cr. xxviii.13, Mat. xxiii.23, Salmo xxxviii.3, Lucas xviii.13, Salmo li.1, Neh. xiii.22, Salmo li.12, Rom. xv.8, 1 Juan ii.12, Tit. ii.11-12, Juan xiv.13″. Massey Hamilton Shepherd, Jr., The Oxford American Prayer Book Commentary (1950) 5-6. De acuerdo con C. Frederick Barbee y Paul F. M. Zahl, The Collects of Thomas Cranmer (1999) xvi.
- 3Para un breve análisis de los libros, véase Diarmaid MacCulloch, “Putting the English Reformation on the Map: The Prothero Lecture” (2005) 15 Transactions of the Royal Historical Society 75, 85, 87-88.
- 4Algunos ejemplos son el libro de oraciones de 1928 de la Iglesia Episcopal y el Libro de Oración de 2003 de la Reformed Episcopal Church
- 5Peter Hitchens, The Rage Against God (2010) 79.
- 6Ibídem
- 7Al igual que con la “expurgación” del Venite, existe un precedente para la omisión en la abreviación de Benjamin Franklin del Libro de Oración Común. Bryan D. Spinks, Liturgy in the Age of Reason: Worship and Sacraments in England and Scotland, 1662-c. 1800 (2008) 155.
- 8Christopher L. Webber, A User’s Guide to the Book of Common Prayer: Morning and Evening Prayer (2005) 8. Reinhold Niebuhr, por el contrario, llegó a enfatizar la expresión litúrgica de la doctrina del pecado original, particularmente tal como se encuentra en la Confesión General y su cláusula “Y no hay salud en nosotros”. David R. Bains, “Conduits of Faith: Reinhold Niebuhr’s Liturgical Thought” (2004) 73 Church History 168, 182.
- 9Inglés antiguo hāl, alemán heil
- 10William Tyndale (Pentateuco, Jonás y NT), 1530-1534 (base de datos Chadwyck-Healey Bible in English). George Herbert utiliza salud en este sentido en su poema “The Holy Scriptures”, cuando habla de que encontramos la salvación a través de ellas: “Tú eres todo salud, salud floreciente, hasta hacer / Una eternidad plena”. Obsérvese que la descripción de Herbert de encontrar la salvación en las Escrituras, al igual que la afirmación del Artículo VI de que “la Sagrada Escritura contiene todo lo necesario para la salvación”, se refiere a nuestro conocimiento de la salvación, no a su fuente última. Oliver O’Donovan, On the Thirty-Nine Articles: A Conversation with Tudor Christianity (2d ed., 2001) 46.
- 11Bishops’ Bible, 1568 (Chadwyck-Healey Bible en la base de datos inglesa) (“This daye is saluation -salud/salvación- come to this house”). La versión de la Biblia de los Obispos fue adoptada por Ginebra, Douai-Rheims y la versión King James. La palabra griega es σωτηρία.
- 12Joseph Lam, Patterns of Sin in the Hebrew Bible: Metaphor, Culture, and the Making of a Religious Concept (2016).
- 13Richard Hooker, Of the Laws of Ecclesiastical Polity, Book VI (P. G. Stanwood, ed. 1981) (Folger Library Edition of the Works of Richard Hooker, W. Speed Hill, general ed., vol. 3) ch 5.5, 59.
- 14John Wycliffe (tardío), c. 1395 (base de datos Chadwyck-Healey Bible in English). Para una crítica de la asociación de esta traducción con Wycliffe, véase Henry Ansgar Kelly, The Middle English Bible: A Reassessment (2016). Para Isaías 1:6, Coverdale eligió whole/entero: “From the sole of the foote vnto the heade, there is no whole parte in all yor body/Desde la planta del pie hasta la cabeza, no hay ninguna parte sana en todo vuestro cuerpo”. Miles Coverdale, 1535 (base de datos Chadwyck-Healey Bible in English).
- 15John Wycliffe (tardío), hacia 1395 (base de datos Chadwyck-Healey Bible in English), utilizando la numeración de la Vulgata (es decir, Salmo 145). La KJV tiene “help” con una lectura marginal de “salvation”, la Vulgata tiene salus, y la LXX σωτηρία. Otro ejemplo de “salud” como “liberación” en una traducción inglesa de los Salmos puede verse en el Salmo 119:154-155 en la traducción de Coverdale: Avenge thou my cause, and deliver me: quicken me, according to thy word. Health is far from the ungodly: for they regard not thy statutes/Haz justicia a mi causa y líbrame; vivifícame según tu palabra. Lejos está de los impíos la salud, porque no miran tus estatutos..
- 16Thomas Bennet, A Paraphrase with Annotations upon the Book of Common Prayer (2ª ed., 1709) 24. Una conclusión similar está implícita en Richard Mant, The Book of Common Prayer with notes, vol. 1 (abridged ed., 1824) 11, and Hugh Evan Hopkins, Morning and Evening Prayer: An Exposition of the Daily Offices (1963) 74-75. Hace tiempo que se ha observado que la Confesión General se corresponde en casi todos los puntos con alguna frase de Romanos 7, y eso es cierto en los dos sentidos en que podemos tomar “Y no hay salud en nosotros”. En la Confesión General estamos diciendo, con San Pablo, “en mí (es decir, en mi carne) no mora nada bueno” (ninguna salud), así como “¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?” (ninguna salvación).
- 17Edward Harold Browne, An Exposition of the Thirty-Nine Articles of Religion: Historical and Doctrinal (1865) 140 (“Cuando buscamos autoridad a favor de cualquier doctrina, sabemos de inmediato a dónde ir, si la Escritura es nuestra regla”).
- 18Énfasis añadido por el traductor.
- 19Virginia Tufte, Artful Sentences: Syntax as Style (2006) 232.
- 20Íbidem
- 21Íbidem. (citando a Burt Prelutsky, “At Home with Mae West,” 4).
- 22Íbidem. (citando a Roland H. Bainton, Here I Stand: A Life of Martin Luther, 15).
- 23Cf. Ian Robinson, “Religious English: Deus non potest apprehendi nisi per verbum” (1967) 2 The Cambridge Quarterly 303, 332 (señalando el “efecto de progreso” en la Confesión General que conduce a la única “frase que une al resto”, a saber, “Y no hay salud en nosotros”); Daniel Swift, “The Book of Common Prayer”, en The Oxford Handbook of English Prose 1500-1640 576 (Andrew Hadfield, ed., 2013) 576, 584 (reconociendo el “salto a la tercera cláusula”).
- 24Jacobs, The Book of Common Prayer, at 63.
- 25El borrador del Libro de Oraciónde la ACNA resta importancia a este eje también de otras maneras. Desaparece “Pero tú”; la cláusula comienza “Oh Señor”. También está ausente el patrón de uso del pronombre que enfatiza el pivote. Alan Jacobs explica: “Quizá lo más sorprendente de todo es lo que Cranmer hace con los sujetos gramaticales de sus cláusulas: ‘Hemos errado y nos hemos desviado. . . Hemos seguido . . . Hemos ofendido. . . Hemos dejado de hacer… hemos hecho’ -este pronombre suena como una campana- y luego el repentino giro: Pero tú, Señor, ten piedad… perdónanos… restauranos”. . . concédenos'”. Id. en 62-63. En el borrador de la ACNA, todos los pronombres de segunda persona después del giro han desaparecido.
- 26La disyunción en Efesios 2:4 no es un artefacto de la traducción inglesa: ὁ δὲ θεὸς.
- 27Obra de William Hogarth
- 28David Daube, “The Form is the Message,” en Ancient Jewish Law: Three Inaugural Lectures (1981).
- 29Samuel L. Bray and John F. Hobbins, Genesis 1–11: A New Old Translation for Readers, Scholars, and Translators (2017) 7.
- 30Para ejemplos útiles, véase el sermón de Charles Simeon, “Cristo nuestro médico”, en Horae Homileticae, vol. 9 (1832), y el sermón de David Kennedy, “Y no hay salud en nosotros”, predicado en la catedral de Durham el 6 de octubre de 2013. Tanto Simeón como Kennedy comienzan con la salud y pasan a la liberación, con Jesús como el médico (Simeón) o el único sano (Kennedy). Kennedy dice de la Confesión General: la oración es una oración plural, y aunque podríamos pensar que tiene . . . en mente a la congregación local, nosotros que nos hemos reunido aquí esta mañana, creo que también hay algo universal en lo que decimos. Recordemos que Jesús mismo dijo que todos estamos contaminados no por lo que comemos, por lo que entra en nuestro cuerpo, sino por lo que sale del corazón, y enumera muchos vicios, y aunque creamos que evitamos algunos de ellos, sabemos que todos forman parte de nuestra extraña naturaleza humana, capaz de tanto bien y de tanto mal. Con el salmista clamamos por un corazón nuevo. Y Jesús también nos recuerda que nuestros deseos son tan culpables como nuestras acciones. Todo esto arroja una nube sobre nuestra bondad; estropea la imagen de Dios que hay en nosotros. Y en nosotros no hay salud”].
- 31Vea Stephen Prickett, Words and The Word: Language, poetics and biblical interpretation (1986) 4-36; Barry Spurr, The Word in the Desert: Anglican and Roman Catholic Reactions to Liturgical Reform (1995) 63, 72
- 32Los subtítulos y enlaces que redirigen a nuestro sitio web no hacen parte del artículo original. Por otra parte, hemos decidido dejar la mayoría de notas al pie, por si alguien desea profundizar en las fuentes proporcionadas en el artículo.