El Dios Viviente
El Dios Trino es un Dios vivo y, como tal, es intrínsecamente activo. La Trinidad es activa en el conocimiento, el amor y la bienaventuranza. La Trinidad es activa en la producción de criaturas. Y la Trinidad es activa en un cuidado que se extiende, más allá de traernos a la existencia, para incluir nuestra preservación diaria, redención, santificación y, en última instancia, nuestra perfección en su presencia.
Al hablar de la naturaleza viva del Dios trino, la teología cristiana habla de las “operaciones” u “obras” de Dios, y ello en dos sentidos. Las “operaciones internas” de Dios son aquellas acciones eternas que permanecen dentro de Dios y que, sencillamente, son Dios en la perfección de su vida totalmente actualizada. Las operaciones internas de Dios incluyen el eterno engendramiento del Hijo por el Padre y la espiración eterna del Espíritu por el Padre y el Hijo. También incluyen los actos inmanentes de conocimiento y amor en los que consiste eternamente la felicidad perfecta de Dios, el lugar alto y santo que habita eterna y activamente.
Las “operaciones externas” de Dios son aquellas acciones que, arraigadas en el propósito eterno de Dios, se realizan en la producción de efectos temporales, creaturales, fuera de Dios. Movido por la bondad divina y dirigido por la sabiduría divina, Dios actúa mediante el poder divino para llevar a efecto sus propósitos para las criaturas. Las operaciones externas de Dios incluyen la creación y conservación de todas las cosas, la redención y santificación de los elegidos de Dios por medio de las misiones del Hijo y del Espíritu, y la consumación de la creación para que también ella llegue a ser la morada feliz del Dios alto y santo.
Operaciones externas indivisibles e internamente ordenadas de la Trinidad
Según la común confesión cristiana, las operaciones externas de la Trinidad son “indivisibles” o “inseparables”. Esto se sigue del principio de que lo que Dios es en sí mismo (ad intra) determina la forma de las acciones libres de Dios fuera de sí mismo (ad extra). Puesto que el Padre, el Hijo y el Espíritu son un solo y simple Dios, sus acciones fuera de sí son operaciones indivisibles. Las tres personas no se limitan a “cooperar” en sus obras externas, como si cada persona contribuyera con su parte distintiva a un todo operativo mayor. Todas las obras externas de Dios – desde la creación hasta la consumación – son obras de las tres personas divinas que ejecutan un solo poder divino, ordenadas por una sola sabiduría divina, expresando una sola bondad divina y manifestando una sola gloria divina.
Aunque las acciones de las tres personas fuera de sí mismas son acciones indivisibles del único Dios, las personas no son indistinguibles en sus operaciones externas. Una vez más, esto se deduce del principio de que lo que Dios es en sí mismo (ad intra) determina cómo Dios actúa fuera de sí mismo (ad extra). Puesto que las distinciones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son distinciones personales reales dentro del único Dios, se relacionan entre sí dentro de sus operaciones externas indivisas según el carácter de sus distinciones personales. Porque el Padre engendra eternamente al Hijo y espira eternamente al Espíritu ad intra, el Padre obra por medio del Hijo y del Espíritu ad extra. Porque el Hijo es eternamente engendrado del Padre y porque espira eternamente el Espíritu ad intra, el Hijo obra desde Padre y por el Espíritu ad extra. Porque el Espíritu procede eternamente del Padre y del Hijo ad intra, obra desde el Padre y el Hijo ad extra, llevando a plenitud las obras externas indivisas de la Trinidad. En suma, las operaciones externas de la Trinidad son indivisas y ordenadas internamente según las relaciones personales de la Trinidad, procediendo del Padre, por el Hijo, en el Espíritu.
Tal concepción de la agencia Trina indivisible e internamente ordenada de Dios informa la respuesta de Basilio de Cesarea a la afirmación (blasfema) de Eunomio de que el Espíritu pertenece a un rango o naturaleza inferior a la de Dios. Basilio demuestra “la naturaleza singular” que el Espíritu posee con el Padre y el Hijo identificando ejemplos de cómo el Espíritu trae los actos divinos singulares de creación, adopción, y santificación a su fruición. En cada caso, extrae sus conclusiones teológicas sobre el ser y el obrar del Espíritu Santo a partir de su exégesis de los textos bíblicos. Comentando el Salmo 33:6 (“por la palabra del Señor fueron hechos los cielos, y por el soplo de su boca todo su ejército”), Basilio observa: “como Dios Verbo es el creador de los cielos, así también el Espíritu Santo confiere firmeza y constancia a las potencias celestes”. Comentando 1 Corintios 12:4-6 (“Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo; y hay diversidad de servicios, pero el Señor es el mismo; y hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios quien las potencia todas en todos”), pregunta: “¿Veis cómo también aquí la actividad del Espíritu Santo está a la par con la actividad del Padre y del Hijo?”. Y, comentando 1 Corintios 12:11 (“Todos ellos son potenciados por un mismo Espíritu, que reparte a cada uno individualmente como quiere”), Basilio concluye:
Esto atestigua que Él [Espíritu Santo] no tiene otra cosa que el poder autoritativo y soberano.1Basil of Caesarea, Against Eunomius, The Fathers of the Church, Vol. 22, trans. Mark Delcogliano and Andrew Radde-Gallwitz (Washington, D.C.: The Catholic University of America Press, 2011), 3.4-6 (pp. 189-96)
Conclusión
La teología cristiana confiesa las operaciones inseparables del Dios trino porque confiesa al Dios viviente. La vida que el Padre, el Hijo y el Espíritu viven en sí mismos es una vida indivisible de conocimiento, amor y felicidad. Por la gracia de Dios, las tres personas nos extienden su vida de conocimiento, amor y felicidad a través de sus obras externas indivisibles de hacer, preservar, reconciliar y perfeccionar a las criaturas. Ésta es la vida eterna: que por el Espíritu conozcamos al único Dios verdadero por Jesucristo, a quien Él ha enviado (Juan 17:3).
Este artículo ha sido traducido con permiso y fue publicado por el Dr. Swain en su blog personal, lo puede conocer aquí: www.scottrswain.com. Le invitamos a conocer los libros que ha escrito el Dr. Swain aquí.
- 1Basil of Caesarea, Against Eunomius, The Fathers of the Church, Vol. 22, trans. Mark Delcogliano and Andrew Radde-Gallwitz (Washington, D.C.: The Catholic University of America Press, 2011), 3.4-6 (pp. 189-96)