Catolicismo Reformado

Nosotros, pues, siguiendo a los santos Padres, todos a una enseñamos a confesar a un solo y mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en deidad y el mismo perfecto en humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, compuesto de alma racional y cuerpo; consustancial con el Padre en cuanto a la deidad, y consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad; en todo semejante a nosotros, salvo en el pecado; engendrado del Padre antes de todos los siglos en cuanto a la deidad, y en estos últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, nacido de la Virgen María, la Theotokos (θεοτόκος), en cuanto a la humanidad; uno y el mismo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, reconocido en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación; sin que la distinción de las naturalezas quede de ningún modo suprimida por la unión, sino conservándose más bien la propiedad de cada naturaleza, y concurriendo en una sola Persona y una sola subsistencia; no partido ni dividido en dos personas, sino uno y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo, el Señor Jesucristo…1Este texto integra dos artículos publicados por separado por R. Scott Clark en Heidelblog: Why Christians Call Mary Theotokos (Part 1) y Why Christians Call Mary Theotokos (Part 2)

Así comienza la Definición de Calcedonia (451 d. C.), adoptada por el Concilio de Calcedonia en el otoño de 451. El concilio fue convocado por el emperador Marciano (que no debe confundirse con el hereje Marción, del siglo II) con la asistencia de León I, obispo de Roma.2Charles Joseph Hefele, A History of the Councils of the Church, trad. Edward Hayes Plumptre, vol. 3 (Edimburgo: T&T Clark, 1883), 285-286. Sesionó alrededor de un mes (de octubre a noviembre).3Según Hefele, ibíd., 3.287-308, el emperador estuvo presente en una sesión, en la que se leyó el «Decreto sobre la fe» e incluso propuso algunos cánones para que el Concilio los adoptara. De hecho, uno de los grandes temas del Concilio fue el enredo de la iglesia con el Estado, pues cada parte apelaba a los comisarios imperiales para que se pusieran de su lado contra las demás. Los teócratas y nacionalistas cristianos contemporáneos que creen ser más ilustrados y hábiles que los teócratas del pasado, y que tal cosa jamás ocurriría en su teocracia imaginada, deberían tomar nota.

Una frase en particular ha inquietado a algunos evangélicos e incluso a algunos reformados contemporáneos. Recuerdo una conversación, hace algunos años, con un ministro reformado a quien le incomodaba la Definición de Calcedonia porque en ella la iglesia confiesa que la bienaventurada Virgen María es «Portadora de Dios» o «Madre de Dios».

La indebida exaltación de María en Roma

Como veremos (más adelante), esta vacilación no es nueva y se debe al menos a un par de factores: 1) Muchos protestantes son, con razón, sensibles a la indebida exaltación de la Virgen María por parte de la comunión romana. Y deben serlo. En Lumen Gentium, Roma declara:

Esta maternidad de María en la economía de la gracia perdura sin cesar, desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. Pues, asumida a los cielos, no dejó esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. […] Por eso la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro y Mediadora (énfasis añadido).4Lumen Gentium 62, citado en el Catecismo de la Iglesia Católica §969.

En Lucas 1:42 hay un claro fundamento bíblico para reconocer que la Virgen María es bienaventurada en la concepción de la humanidad de nuestro Señor. Después de todo, Elisabet dijo a María:

Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

No hay, sin embargo, absolutamente ningún fundamento bíblico para hablar de ella como «abogada, auxiliadora, socorro o mediadora».

Por más que Roma diga que de ningún modo pretende oscurecer ni disminuir la singularidad del oficio mediador de Cristo,5Catecismo de la Iglesia Católica, §970. hablar de ella como lo hace Roma disminuye inevitablemente la singularidad del oficio de Cristo, en contravención de 1 Timoteo 2:5 (que el Catecismo romano cita y luego ignora). Solo la Epístola a los Hebreos afirma con claridad y de manera reiterada (p. ej., Heb 2:17; 3:1; 4:14-15; 5:1-10; 6:20; 7:27; 8:1; 9:11-12, 26; 10:10, etc.) que únicamente Jesús es nuestro Sumo Sacerdote y que solo él ha hecho satisfacción por nuestros pecados. No hay fundamento en la santa Escritura para la doctrina romana de que el supuesto sacrificio eucarístico sea una extensión del único sacrificio de Cristo, ni de que los ministros sean sacerdotes que ofrecen sacrificios memoriales y propiciatorios bajo el nuevo pacto.

La deidad de Cristo

2) Quienes se inquietan por la expresión Madre de Dios temen que el título «Madre de Dios» parezca implicar que la deidad de Cristo fue engendrada en el vientre de la Virgen María.

Si comprendemos un poco los errores que el Concilio de Calcedonia abordaba y por qué eligió este lenguaje, deberíamos poder disipar las inquietudes acerca de la palabra Theotokos y su traducción habitual, Madre de Dios.

El emperador Teodosio I proclamó el cristianismo como religión del imperio en el año 380 d. C. y, con ello, enredó desde entonces al magistrado civil secular en la vida, el ministerio y el orden de la iglesia visible. El antiguo historiador cristiano Sócrates (no el filósofo griego, que vivió unos 800 años antes) explicó cómo surgió la controversia en Constantinopla, en el año 428 d. C.:

Tras la muerte de Sisinio, a causa del espíritu de ambiciosa rivalidad que mostraban los eclesiásticos de Constantinopla, los emperadores resolvieron que ninguno de aquella Iglesia ocupara el obispado vacante, no obstante que muchos deseaban ardientemente que se ordenara a Felipe, y un número no menor favorecía la elección de Proclo. Quisieron, por tanto, llamar a un forastero de Antioquía; había allí un hombre llamado Nestorio, natural de Germanicia, distinguido por su excelente voz y su fluidez de palabra; decidieron mandar por él, como sumamente apto para impartir enseñanza.6James Stevenson y B. J. Kidd, eds., Creeds, Councils, and Controversies: Documents Illustrative of the History of the Church A.D. 337-461 (Nueva York: Seabury Press, 1966), 287.

Nestorio (c. 351-c. 451 d. C.) trajo consigo a un colaborador, el presbítero Anastasio. En un sermón pronunciado después de su llegada, Anastasio dijo: «Que nadie llame a María Theotokos, porque María no era sino un ser humano, y es imposible que Dios nazca de un ser humano».7James Stevenson y B. J. Kidd, eds., Creeds, Councils, and Controversies: Documents Illustrative of the History of the Church A.D. 337-461 (Nueva York: Seabury Press, 1966), 288. Esta es justamente la inquietud que comparten muchos evangélicos (y algunos reformados).8Que tantos parezcan coincidir con los nestorianos debería hacerlos detenerse a reflexionar. Tanto los laicos como el clero se ofendieron por el sermón de Anastasio, pero Nestorio defendió con ardor a su colega.9Ibíd., 288.

El gran teólogo capadocio Gregorio de Nacianzo (c. 329-c. 390) había abordado las mismas preocupaciones expresadas por los nestorianos décadas antes, al proclamar:

Si alguien no cree que la santa María es Theotokos, está separado de la Deidad. Si alguno afirmara que [el Hijo] pasó a través de la Virgen como por un canal,10Esta fue la posición de los anabaptistas en el siglo XVI y sigue siendo la de no pocos evangélicos. Sobre esto, véase lo siguiente: R. Scott Clark, Christ Did Not Change But The Water Did. Ídem, Born of a Woman: Against the Star Trek Christology. y que no fue formado en ella a la vez divina y humanamente (divinamente, porque sin intervención de varón; humanamente, conforme a las leyes de la gestación), es igualmente impío. Si alguno afirma que primero se formó la humanidad y que después Dios se introdujo en ella, sea condenado; porque esto no es una generación de Dios, sino una evasión de la generación. Si alguno introduce la noción de dos hijos, uno de Dios Padre y otro de la madre, y desacredita la unidad y la identidad, pierda su parte en la adopción prometida a quienes creen rectamente. Pues Dios y hombre son dos naturalezas, como también lo son el alma y el cuerpo; pero no hay dos Hijos ni dos Dioses. Tampoco en esta vida hay dos humanidades, aunque Pablo hable en términos semejantes del hombre interior y del exterior. Y (por decirlo concisamente) el Salvador está compuesto de elementos distintos entre sí (pues lo invisible no es lo mismo que lo visible, ni lo intemporal lo que está sujeto al tiempo) y, sin embargo, no es dos. ¡De ningún modo! Pues ambos son uno por la combinación, al hacerse hombre la Deidad y ser deificada la humanidad, o como quiera que se lo exprese. Y digo elementos distintos porque es lo inverso de lo que ocurre en la Trinidad; pues allí reconocemos Personas distintas, para no confundir las hipóstasis, pero no elementos distintos, porque los Tres son uno y el mismo en la Deidad.11Stevenson y Kidd, eds., Creeds, Councils, and Controversies, 88-89.

Los ortodoxos criticaron a Nestorio y a sus seguidores por negar la unión personal de las dos naturalezas de Cristo y por convertir a Cristo, de ser posible, en dos personas. El Concilio ecuménico de Éfeso (431 d. C.) condenó a Nestorio y a sus seguidores por este error. En efecto, la herejía nestoriana es una de las grandes herejías contra nuestra «indudable y santa fe católica», como decimos en el Catecismo de Heidelberg 22. En el artículo 19 de la Confesión Belga confesamos: «Creemos que, al ser así concebida, la persona del Hijo ha quedado inseparablemente unida y juntada con la naturaleza humana, de tal modo que no hay dos Hijos de Dios ni dos personas, sino dos naturalezas unidas en una sola persona, conservando cada naturaleza sus propias propiedades distintas».

La otra gran herejía de este período, sin embargo, fue la opuesta a la de Nestorio. Eutiques (c. 378-454) era abad de un monasterio en Constantinopla. Lo enfureció de tal modo la enseñanza de Nestorio que empezó a enseñar que en la única persona de Cristo no hay realmente dos naturalezas, sino una sola. Esta es la herejía monofisita (mono = uno, physis = naturaleza).12El adjetivo mis [sic en el original; probablemente «mia», cf. «miafisita» infra. — N. del T.] se discutió en Calcedonia y fue rechazado. Véase Charles Joseph Hefele, A History of the Councils of the Church, trad. Edward Hayes Plumptre, vol. 3 (Edimburgo: T&T Clark, 1883), 347. Ya que estamos, el lector debe también cuidarse de una versión de este error conocida como cristología miafisita, pues mia es otra palabra griega para uno y physis sigue significando naturaleza.

A causa de sus errores, Eutiques fue depuesto de su cargo por el arzobispo de Alejandría, pero apeló a León I (†461), obispo de Roma. El 13 de junio de 449, León respondió a Flaviano en la que llegó a ser una carta famosa, conocida como el Tomo, y denunció la doctrina de Eutiques. Se quejaba de que Eutiques ni siquiera entendía el Credo de los Apóstoles:

Al menos podría haber escuchado con atención aquella confesión general y uniforme por la cual todo el cuerpo de los fieles confiesa que cree en DIOS Padre todopoderoso, y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació del Espíritu Santo y de la Virgen María. Con estas tres afirmaciones quedan derribados los ardides de casi todos los herejes.13León Magno, «Letters», en Leo the Great, Gregory the Great, ed. Philip Schaff y Henry Wace, trad. Charles Lett Feltoe, vol. 12a, A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church, Second Series (Nueva York: Christian Literature Company, 1895), 39.

En otras palabras, en cuanto Cristo, por la misteriosa operación del Espíritu Santo, tomó su humanidad de la virgen, nace de la Virgen María; pero en cuanto es la segunda persona de la Trinidad, coeterna y consustancial, es el eterno y unigénito Hijo de Dios.14Ibíd., 39.

El Tomo de León fue una fuente importante para la Definición elaborada y adoptada en el Concilio de Calcedonia dos años después. En la quinta sesión del Concilio, el 22 de octubre de 451, «el diácono Asclepíades de Constantinopla leyó una fórmula doctrinal que había sido aprobada por unanimidad el día anterior».15Hefele, A History of the Councils, 3.342. Al parecer, sin embargo, aquella fórmula (que no se nos ha conservado) era algo vaga y se plantearon objeciones. «El obispo Juan de Germanicia declaró que esta fórmula no era buena y que debía mejorarse. Anatolio respondió preguntando «si acaso no había dado ayer satisfacción universal», lo que provocó la aclamación: «Es excelente y contiene la fe católica. ¡Fuera los nestorianos! La expresión θεοτόκος debe ser recibida en el credo»».16Hefele, ibíd., 3.343. Por su parte, los obispos occidentales exigieron que se aceptara el Tomo de León, o de lo contrario se marcharían y celebrarían su propio concilio. Algunos de los obispos acusaron a Juan de Germanicia de nestorianismo.17Hefele, ibíd., 3.343. Otros se quejaban de que quienes criticaban el Tomo de León eran eutiquianos.18Hefele, ibíd., 3.345. Como suele ocurrir en estos casos, se nombró una comisión, que regresó con lo que conocemos como la Definición de Calcedonia, la cual afirma la crítica de Cirilo a Nestorio y el rechazo de Eutiques por parte de León, y confiesa que Cristo «nació de la Virgen María, la Portadora de Dios» (Theotokos).19Hefele, ibíd., 3.348.

El término Theotokos, o Madre de Dios, no debería inquietarnos. La persona en el vientre de la virgen era el Dios-Hombre. No podemos negar Theotokos sin volvernos nestorianos. Recordemos que en Calcedonia la iglesia precisó el sentido en que María es Theotokos añadiendo la frase en cuanto a la humanidad. Ninguna persona ortodoxa pretendió jamás insinuar que la deidad de Cristo fuera generada por el vientre de una virgen, ni siquiera en él. Más bien, frente a los eutiquianos y los nestorianos, los ortodoxos confiesan y afirman, en la Definición de Calcedonia, que Cristo es una sola persona y debe ser «reconocido en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación».

La defensa de Francisco Turretino

Por eso el gran teólogo reformado Francisco Turretino defendió cuatro veces las expresiones Theotokos y «Madre de Dios»:

Aunque la bienaventurada virgen fue verdaderamente «muy favorecida» (kecharitōmenē), amada y elegida por Dios por encima de las demás mujeres para que concibiera y diera a luz al Hijo de Dios, y puede con verdad ser llamada «madre de Dios» (Theotokos), aquel señalado y a todas luces singular privilegio por el que fue elevada al más alto grado de felicidad no le impidió ser concebida y nacer al modo común de los demás mortales: en el pecado original y con él.20Francisco Turretini, Institutes of Elenctic Theology, 9.10.21, ed. James T. Dennison Jr., trad. George Musgrave Giger, vol. 1-2 (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 1992-1997), 635-310 [sic en el original; rango de páginas erróneo: la referencia 9.10.21 corresponde a la p. 635 del vol. 1. — N. del T.].

Así, María puede con verdad ser llamada Theotokos o «madre de Dios», si la palabra «Dios» se toma concretamente por la personalidad total de Cristo, que consiste en la persona del Logos (Logou) y la naturaleza humana (sentido en el cual se la llama «la madre del Señor», Lc 1:43), pero no precisa y abstractamente en lo que respecta a la deidad.21Turretini, ibíd., 13.5.18.

A María se la llama con razón Madre de Dios (Theotokos) en concreto y específicamente porque dio a luz a aquel que es también Dios, pero no en abstracto y reduplicativamente en cuanto Dios.22Turretini, ibíd., 13.7.11.

El título de Madre de Dios dado a la virgen fue pervertido por hombres supersticiosos hasta convertirse en ocasión de idolatría, como observa Paolo Sarpi.23Turretini, ibíd., 13.7.12.

Para que nadie piense que las afirmaciones de Turretino son inusuales o que no fueron asumidas por los reformados neerlandeses, también Geerhardus Vos defendió estas expresiones:

De hecho, debe decirse: María dio a luz a Dios (según su naturaleza humana); es decir, el sujeto, que es Dios, ha pasado por el proceso de nacer de la Virgen María. Cuando los nestorianos no admitían esto, sino que querían hablar del χριστότοκος, su herejía queda plenamente expresada en este contraste. Para ellos, el Cristo es algo distinto del Logos-Dios; el primero es la abstracción de las personas humana y divina tomadas en conjunto. Para nosotros, la persona de Cristo es la misma que la persona del Logos.24Geerhardus Vos, Reformed Dogmatics, ed. y trad. Richard B. Gaffin Jr., vol. 3 (Bellingham, WA: Lexham Press, 2012-2016), 60-61.

Es útil repasar esta antigua controversia, porque al hacerlo aprendemos los hitos de la ortodoxia cristiana, tenemos la oportunidad de pensar a fondo nuestro lenguaje acerca del Salvador y volvemos a enlazarnos con aquellos miembros antiguos de nuestra familia que trabajaron cuestiones que han resurgido en nuestro tiempo. No estamos solos. Formamos parte de una fe y una iglesia ecuménicas, grandes y admirables. Más que reinventar la rueda doctrinal y litúrgica, estamos aprendiendo de nuevo qué es esa rueda y por qué se formó en un principio.

________________________________

Este artículo ha sido traducido con permiso y fue publicado originalmente por el Dr. Scott Clark en el sitio web: Heidelblog.net. Le invitamos a conocer los libros que ha escrito el Dr. Clark aquí. 25Los subtítulos no hacen parte del artículo original, se publica así para hacer la lectura más fácil.

  • 1
    Este texto integra dos artículos publicados por separado por R. Scott Clark en Heidelblog: Why Christians Call Mary Theotokos (Part 1) y Why Christians Call Mary Theotokos (Part 2)
  • 2
    Charles Joseph Hefele, A History of the Councils of the Church, trad. Edward Hayes Plumptre, vol. 3 (Edimburgo: T&T Clark, 1883), 285-286.
  • 3
    Según Hefele, ibíd., 3.287-308, el emperador estuvo presente en una sesión, en la que se leyó el «Decreto sobre la fe» e incluso propuso algunos cánones para que el Concilio los adoptara. De hecho, uno de los grandes temas del Concilio fue el enredo de la iglesia con el Estado, pues cada parte apelaba a los comisarios imperiales para que se pusieran de su lado contra las demás. Los teócratas y nacionalistas cristianos contemporáneos que creen ser más ilustrados y hábiles que los teócratas del pasado, y que tal cosa jamás ocurriría en su teocracia imaginada, deberían tomar nota.
  • 4
    Lumen Gentium 62, citado en el Catecismo de la Iglesia Católica §969.
  • 5
    Catecismo de la Iglesia Católica, §970.
  • 6
    James Stevenson y B. J. Kidd, eds., Creeds, Councils, and Controversies: Documents Illustrative of the History of the Church A.D. 337-461 (Nueva York: Seabury Press, 1966), 287.
  • 7
    James Stevenson y B. J. Kidd, eds., Creeds, Councils, and Controversies: Documents Illustrative of the History of the Church A.D. 337-461 (Nueva York: Seabury Press, 1966), 288.
  • 8
    Que tantos parezcan coincidir con los nestorianos debería hacerlos detenerse a reflexionar.
  • 9
    Ibíd., 288.
  • 10
    Esta fue la posición de los anabaptistas en el siglo XVI y sigue siendo la de no pocos evangélicos. Sobre esto, véase lo siguiente: R. Scott Clark, Christ Did Not Change But The Water Did. Ídem, Born of a Woman: Against the Star Trek Christology.
  • 11
    Stevenson y Kidd, eds., Creeds, Councils, and Controversies, 88-89.
  • 12
    El adjetivo mis [sic en el original; probablemente «mia», cf. «miafisita» infra. — N. del T.] se discutió en Calcedonia y fue rechazado. Véase Charles Joseph Hefele, A History of the Councils of the Church, trad. Edward Hayes Plumptre, vol. 3 (Edimburgo: T&T Clark, 1883), 347. Ya que estamos, el lector debe también cuidarse de una versión de este error conocida como cristología miafisita, pues mia es otra palabra griega para uno y physis sigue significando naturaleza.
  • 13
    León Magno, «Letters», en Leo the Great, Gregory the Great, ed. Philip Schaff y Henry Wace, trad. Charles Lett Feltoe, vol. 12a, A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church, Second Series (Nueva York: Christian Literature Company, 1895), 39.
  • 14
    Ibíd., 39.
  • 15
    Hefele, A History of the Councils, 3.342.
  • 16
    Hefele, ibíd., 3.343.
  • 17
    Hefele, ibíd., 3.343.
  • 18
    Hefele, ibíd., 3.345.
  • 19
    Hefele, ibíd., 3.348.
  • 20
    Francisco Turretini, Institutes of Elenctic Theology, 9.10.21, ed. James T. Dennison Jr., trad. George Musgrave Giger, vol. 1-2 (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 1992-1997), 635-310 [sic en el original; rango de páginas erróneo: la referencia 9.10.21 corresponde a la p. 635 del vol. 1. — N. del T.].
  • 21
    Turretini, ibíd., 13.5.18.
  • 22
    Turretini, ibíd., 13.7.11.
  • 23
    Turretini, ibíd., 13.7.12.
  • 24
    Geerhardus Vos, Reformed Dogmatics, ed. y trad. Richard B. Gaffin Jr., vol. 3 (Bellingham, WA: Lexham Press, 2012-2016), 60-61.
  • 25
    Los subtítulos no hacen parte del artículo original, se publica así para hacer la lectura más fácil.

Artículos relacionados